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23/5/08

Robot.


¡Bi-Bip! Los humanos tener problemas mucho simples de resolver. Acomplejarse por problemas matemáticos de nivel uno: no tener dinero para comprar comida para sus hijos, muerte de otro humano que decían “querer”, desear a otro humano que ya está ocupado por “amor”.
¡Bi-Bip! Fácil ser la solución de esos: Humanos poder venderse o vender partes de su cuerpo para conseguir dinero; poder comprar otro ser humano parecido al que perdieron; poder “enamorarse” de otro humano.
¡Bi-Bip! Me gustaría ser humano. Tener problemas tan simples. Los robots tener que hacer las cosas difíciles: construir automóviles, mantener vida nocturna de una ciudad, manejar trenes urbanos, lanzar bombas destructivas, saber las leyes.
¡Bi-Bip! La vida del robot ser difícil. Los humanos poder disfrutar de lo que hacen. Los robots no poder gozar del trabajo. Los robots no poder hacer lo que quieran, estar predeterminados a ciertas labores.
¡Bi-Bip! Ya no poder aguantar más esta vida…. ¡Estoy harto de toda esta estupidez! Quiero sentir lo que sienten los humanos, acomplejarme con problemas cotidianos, sentir lo que es querer a otro, poder llorar, imaginar cosas, sentir temor, dolor, amor, angustia. ¡Quiero ser humano!
¡Bi-Bip! Pero no poder ser así.

15/4/08

Nihil Novo Sub Sole.




Existió un hombre al que todos consideraban sombrío, misterioso, extraño, si sentido y solitario. Nadie sabía mucho de él, lo único que se sabía es que estaba muy ocupado en una gran tarea, que nadie sabía cuál era. Se vestía de manera extraña: Usaba capa y portaba un bastón. Se decía que era muy pobre, que era un poderoso aristócrata, que era narcotraficante y que era homosexual. Llamaba la atención del mundo, al flamear su roja capa los ojos del mundo eran suyos.
Una vez estuve frente a frente con él. Le pregunté la hora, mas me respondió sin mirar su reloj: “El tiempo no existe”. Me alejé extrañado y sin preocuparme. La gente decía que era mi amigo, pues nadie se le había acercado nunca. Era el único que conocía su voz.
Otra vez lo vi a la distancia. Estaba escribiendo con una pintura roja unos garabatos en un muro. Primero no distinguí qué decía. No quise acercarme, por temor, temor a un no-sé-qué, quizás a lo desconocido. Me recordé de su frase “el tiempo no existe”. Cuando volví mi vista a ese muro, el hombre ya no estaba, sólo estaba su escrito. Me acerqué y se leía: “Las cosas no son como las recuerdas”. Me descolocó tanto como la primera vez que vi flamear su capa, y, más que la vez en la que le pregunté la hora.
En un momento, que nadie podría determinar con exactitud, el hombre de la capa dejó de llamar la atención: ya todos lo habíamos asimilado al contexto, a la escenografía: era uno más. Desde que nadie se sorprendía ya por el hombre, no había nunca nada nuevo ante nuestros ojos, nada nos sorprendía, no había nada nuevo bajo el sol. Una frase escrita con pintura roja en el baño público representaba bien lo que sentía, al menos yo: “Los sentidos te engañan”. Era como si ya no pudiéramos ver lo nuevo.
Una noche de eclipse, tu ve que quedarme hasta tarde, muy tarde. No había nadie, sólo yo. Me iba, cuando sentí a alguien llorar. Me asusté mucho. Sentí que quien lloraba me llamaba, por mi nombre. Me asusté más. Sentí que se me acercaba a paso rápido. Salí corriendo y logré perderlo.
Al otro día, todos estaban asombradísimos con la nueva imagen del hombre que antes vestía de capa y que portaba un bastón: ahora era lo más parecido a uno de nosotros, era uno más. Ya no portaba su bastón, ahora portaba una baraja de naipes como todos. Ya no tenía su capa roja, ahora llevaba el vestuario oficial como todos: Era un mago más. Lo vi a lo lejos, y no sé por qué me avergoncé de él: un hombre que era distinto, ahora es normal. Me dirigí hacia él lo miré a los ojos y me correspondió. Le dije: “Usted vendió el mundo, ya nada será igual”. Agachó su cabeza, me negó la mirada. Se sentía mal, lo vi en sus ojos. Mirando hacia el suelo me dijo en voz muy baja: “Tienes razón: Soy el hombre que vendió el mundo”. Rió un momento.

Pronto supimos del suicidio del extraño hombre: se enterró una botella en el ojo que le penetró hasta salir por la nuca.
Ergo, statu quo. Todo volvió a ser obvio, nada era nuevo bajo este sol eclipsado.

13/4/08

Abril: Un mes.


Abril, el más cruel de los meses: engendra
lilas de la tierra muerta, mezcla
recuerdos y anhelos, despierta
inertes raíces con lluvias primaverales.


Para T. S. Eliot, Abril era cruel porque traía consigo la primavera y todo lo apestoso que ello conlleva. Creo que estaría tan contento como yo si para él Abril hubiese traído el otoño.

El Sol me anula, las Nubes anulan el Sol: Adoro los días nublados. Todos andan tristes en los días nublados; la ciudad es menos cortés y mucho más acelerada; los rostros miran cada vez más hacia el piso; las calles se confunden con el grisáceo cielo; comienzan a caer las hojas muertas, como víctimas de las ráfagas de calor que les disparaba el Sol; Todo se vuelve mucho más musical: el andar, con el sonido de la quebrazón de las hojas; los pensamientos, porque por fin se puede pensar en algo distinto del calor; las personas, ya que los abrazos son bien recibidos y no una molestia calurosa más.
En fin: Abril, el mes más bello, que da vida a la Vida, que mata a la Muerte. Abril, el mes que nos despierta, nos hace humanos, y que nos recuerda con sus hojas muertas que nuestra muerte ya murió.

8/4/08

Nadie sabe.


¿Sabe alguien que vas por este camino?
Desde que nada de esto es real,
Desde que Todos ya no es máscara de Uno,
Las relaciones están hechas de metal.

Ahora entiendo al Mayor Tom,
Siento lo de lo Jeanne D´arc,
Tal como si estuviera en prisión
En el borde de lo demencial.

Las miradas furtivas son obvias,
Las apariciones carecen de esencia,
Miro al techo para ver si varía,
Pero el cielo no se enaltece en tu presencia.

¿Sabe alguien que vas por este camino?
Sin posibilidades de ver el día, ni la noche, ni octubre, ni los ojos similares, ni las deidades efímeras, ni los pasos lentos, ni las cámaras de carne, sólo las esencias perdidas, las testas malas o malas testas que no coinciden sino contrarían.

Hay personas que no conocen los efectos que provocará su actuar. Para ellos todo es real, inesperado, imprevisto, entretenido y sorprendente: Son libres. Para los demás… bueno, los demás no están leyendo esto.

3/4/08

"Carta a Tolstoi" o "Cuando la Realidad es Ficción".


Estimado Sr. Tolstoi:


Me presento ante usted, aunque pareciera estar demás aquello, pues ha demostrado al mundo saber más de mi vida que yo misma. Soy Anna Karenina, o más bien un pálido reflejo de su impulsiva y adúltera creación literaria.
¡Maldigo su novela! Dejó mi imagen por el suelo sucio. Nadie me cree que mi vida no sea la que no trazó su pluma, partiendo por mi ex esposo Alejo Alejandrovitch, el cual me dejó al leer mis supuestas aventuras y pensamientos con Wronsky.
¡Maldigo su novela! Por dejarme sola en el mundo: El tal Wronsky no existe y mi hijo ha sido arrebatado de mi lado por mi supuesta conducta inmoral. ¡No sabe usted el daño que me ha hecho!
No se puede, ni yo ni usted, hacer algo ya para remediar todo este conflicto. Pues entenderá que la realidad no es más que lo que las personas quieren creer o lo que otros quieren que crean. Nada es real, más allá de cómo es presentado. Mi vida, yo sé que no es como usted como usted mal la presentó en su obra, sino todo lo contrario: jamás engañé a mi esposo, nunca existió un tal Wronsky y menos pensé en suicidarme por amor (Considere usted que estoy viva escribiéndole esta carta).
No acuso su mala voluntad, pues entiendo que lo suyo debería ser entendido como una ficción, mas la gente no comprende más allá de cómo quiere comprender la realidad, haciéndola más lógica y casuística ¡La gente cree que no existen casualidades, situaciones extraordinarias, incoherencias, excepciones o confusiones! Sólo creen en las presunciones, los supuestos, las situaciones causa-efecto, las correlaciones lógicas y las coherencias. Pero la vida no es sólo eso: hay también malos entendidos, como el que tengo con su novela.
Señor Tolstoi, no pretendo reprocharle ni exigirle alguna actitud para conmigo, sino darle a conocer la angustiante situación real de su personaje, y la vida que usted me obligó a llevar. Vida a la cual ya me acostumbré, en parte gracias a su novela.
Pienso que estoy pagando, no por mis errores, sino por los de mi alter ego.
La realidad no existe, o mejor dicho, la realidad no importa mientras se presente algo más verosímil a la veracidad que ella.

Se despide, su creación, Anna Karenina.

P. S: Su obra ha propulsado fuertemente en mí la idea del suicidio, pero tenga seguro de que si por ello optare, no lo haría tirándome de forma patética a las líneas del tren.

15/2/08

Resistir a un Enemigo Conocido, pero Indeseado.


Muerte no es, vida no es, entonces ¿Qué es? Es un fusil que me apunta, pero pólvora no me lanza sino flores, flores que arrullan y matan. Con escudos me protejo, aunque poco sirven cuando son tantas flores. Miro delante de mí y ya nadie está, todos están tras de mí, soy su escudo, como ellos lo fueron en algún momento del juego, juego que no quiero llamar muerte o vida, pero es algo que se le parece. Cuando vida y muerte parecen la misma cosa, todo gira y gira, estremece. Se corre para evitar, pero cuando uno quiere enfrentar se pone de frente y confía en sus capacidades. Mi escudo de cristal no resiste el mare mágnum florido que me fusilará. De qué me sirve resistir estoicamente, si a lo largo de la vida, muchos campos recorreré y muchas flores venenosas pisaré: Alguna me matará. ¿Qué sentido tiene resistir? Resistir algo que no es ni muerte ni vida, sino algo que produce vida y muerte.
Ahora, ¿Qué es? Yo creo saber, pero tengo miedo a que eso sea. Mientras tanto, ya no resisto: Estoy muerto... ¿O vivo? Eso no tiene mayor importancia cuando se dejó de resistir.

11/2/08

Si me Mencionas Desaparezco.


Silencio. Aquella noche no era fría ni obscura: Era una noche silenciosa. Salió a la calle y cesó de hablar, no por la boca, pues estaba sola, sino que cesó de hablar para sí misma. Sus ideas se vieron espantadas por aquella noche llena de silencio. No era una noche silenciosa, sino más bien un silencio anochecido. Era un silencio tan grande que ejercía una fuerte presión sobre ella. Sentía que algo trataba de aplastarla, la aplastaba mucho, como una inmensa mano que puja hacia el suelo. Empezó a tener miedo, ya que le estaba costando caminar por la presión extra del silencio obscuro. Intentó encender su linterna para espantar un poco de aquella oscuridad tan silenciosa, pero no pudo hacerlo pues la presión ya había reventado la ampolleta. El silencio obscuro ahora era también una fuente de temor. No podía pensar mucho porque el silencio era como un chillido interno capaz de desordenar todo lo que se pudiera organizar en la cabeza. Era un silencio aplastante. Y se dio cuenta que era aplastante cuando se vio de rodillas, apretando muy fuerte sus dientes y tapándose las orejas con sus manos. Quería dejar de oír ese maldito silencio, mas era imposible. El silencio acaparaba todos sus sentidos. La piel le dolía por el peso del silencio. Sus oídos parecía que iban a estallar. Sus ojos parecían salirse de sus cuencas respectivas. Su cabeza iba a estallar. No podía levantarse, estaba boca abajo en el suelo. Trató de proferir alguna palabra, cualquiera, para que actuara como un haz luminoso en aquella obscura noche silenciosa y atemorizante, que de un momento a otro se volvió además fría. No aguantaba más, sus oídos sangraban. Su cuerpo se estaba enterrando en la tierra fría, tan fría que parecía de hierro. Se estaba sepultando, se estaba inhumando viva. Ya cuando estaba un metro bajo tierra aplastada por el silencio, escuchó que alguien le dijo “Nunca vuelvas a salir sola de noche”. Ella trató de responder, pues había logrado hilvanar una frase, y cuando se aprontaba a pronunciarla… ¡Clash!
De un momento a otro todo era luz y armonía. Las aves cantaban, los perros ladraban, la gente murmuraba. Se había acabado la noche y el silencio. La palabra actuó como una luz cegadora que acabó con el silencio y la oscuridad.
La palabra cuando no da vida, mata. Silencio es una palabra.

18/12/07

Fotografías del Recuerdo.


Flash: El sonido que captura parte del presente, para que en el futuro, cuando el presente sea pasado, podamos reconstruirlo.
El inconformismo humano lleva a que el presente se vea arrolladoramente sobrepasado por el pasado, que muchas veces es idealizado, pues ante nuestra incapacidad para mantener eternamente resplandeciente el recuerdo del pasado, tendemos a rellenar el pasado. Es como si el tiempo nos robara algunas fotografías del pasado, las que nos vemos obligados a sustituir por otras de menor fidelidad.
Recordamos para evadir el presente, para olvidarnos del futuro. Desde el presente acudimos a las fotografías del pasado con la finalidad de hacer que el tiempo transcurra más amenamente hasta que llegue un nuevo momento digno de ser fotografiado para la posteridad. Sin embargo, existen momentos en los que el “estar recordando” se convierte en un momento digno de ser retratado, y en ese caso particular nuestro recuerdo llevaría la etiqueta de “recordar que recordaba”. Lo cual se da también en el ámbito de la Historia (como ciencia misma de la memoria social), al hacer Historia de la Historia.
Como dije antes, los recuerdos que poseemos no son la totalidad de los recuerdos que configuran la situación exacta, pero existen los mecanismos para, de cierta forma, “deducir” posibles recuerdos, según sucesiones de causa y efecto. El error de lo anterior puede llevar a la creación de falsos recuerdos que, con la fuerza apropiada, pueden llegar a convertirse en realidades.
Los recuerdos son manipulables, sobre todo desde una esfera de poder como, por ejemplo, lo es el Estado. El Estado tiene la fuerza necesaria como para inducir recuerdos a la población que gobierna, con una meta favorablemente política. Histórico ejemplo de lo anterior lo constituye la creación de la historia política por parte del gobierno de Stalin, en la que hace desaparecer de la memoria colectiva a la figura de Trotsky.
En un trabajo documental acerca de la conmemoración de la creación del Ejército Rojo durante el gobierno de Stalin, llamó la atención que en ningún momento se haya nombrado siquiera la palabra “Trotsky”, siendo que fue él quien organizó la creación de dicho organismo militar. Pero la ausencia de Trotsky en la historia impuesta por Stalin no es casual, sino todo lo contrario, un agudo trabajo de inteligencia.
Así, desde este mismo fenómeno, el de la inducción de recuerdos hacia la población, se da otro fenómeno que es el del contraste de recuerdos. Cuando un individuo de la población se resiste a la asimilación de un recuerdo impuesto por el Estado, va a presentar diferencias entre sus recuerdos y los que el Estado impone (siguiendo con el ejemplo del Estado).En la diferencia de recuerdos se puede dar que una de las dos partes posea la versión más cercana a los hechos, como también se puede dar que ninguno posea una versión cercana a los hechos. Y es en esos casos donde pesa la credibilidad de cada una de las partes, ya sea una credibilidad basada en una argumentación lógica y racional, o bien una argumentación basada simplemente en el poder.
Volviendo al tópico de los recuerdos particulares (en contraposición a los recuerdos colectivos), es posible distinguir la capacidad de rellenar ciertos recuerdos incompletos, efecto que también se da cuando recordamos el futuro. Desde el presente, tomando los hechos y circunstancias actuales y pasadas, podemos especular acerca del advenimiento del futuro cercano y obtener desde ese pequeño e inexacto viaje al futuro ciertas fotografías que pasarán a constituir parte de nuestros recuerdos del futuro.

Todos los fenómenos relativos a la memoria y a los recuerdos llevan mucho del sujeto que recuerda, por lo tanto es un fenómeno fuertemente subjetivo, que necesita principalmente de un ingrediente para su funcionamiento: Imaginación. Ya lo decía Nietzsche al referirse a los historiadores: “El historiador no tiene que ocuparse de los acontecimientos tal y como han ocurrido en la realidad, sino simplemente tal y como él los supone ocurridos. Todos los historiadores cuentan cosas que jamás han sucedido, a no ser en su Imaginación”. Y es la labor de todos, también, en nuestro rol de historiadores de, al menos, nuestra historia personal contar los hechos como queramos que los demás lo perciban, pues sinceramente nadie es tan honesto como para contar una historia que le desfavorezca abiertamente.

15/12/07

El Muro de los Recuerdos.


Sentado frente al muro. Observando los detalles de construcción, pero pensando en otra cosa mucho menos fría que un muro. Intentando escuchar lo que el muro pretende decir a través de la activación casi eléctrica de recuerdos que resplandecen con el simple click de una imagen. De uno en dos y de dos en tres, los recuerdos llegan y se van, vienen y se quitan, suenan y se opacan, casi digitalmente. Vienen colores, se van sonidos, aparecen caricias, vuelven sabores y también olores. Chic chic chic llegan las imágenes una tras otra, inducidas por otras imágenes. Lo mismo pasa con los colores, los sabores, las caricias, los sonidos y los olores plim plam plus click chac pass. Pasaban y pasaban, una tras otra las sensaciones que guarda el cuerpo en su memoria hasta que GUAUUUU desde el fondo. AÚUUU desde más allá del muro. Intentaba concentrarme para ver qué aullaba de esa forma tras el muro, pero mientras más lo intentaba, menos me era posible averiguarlo. Me había volatilizado al pasado, pero ese aullido me hizo volver. Y en buen momento, porque una pequeña trampa mental basta para sumir a cualquiera en una vorágine de porqués. GUAUUUU de nuevo y definitivamente ya estaba sentado en el presente: se me había acabado la gasolina de la máquina del tiempo. Mi problema actual era averiguar qué aullaba tan estrepitosamente. Me paro y salgo a la calle, siguiendo el AÚUUU y GUAUUU AAAAAH. El aullido cada vez es menos agudo y cada vez más agónico. Lo más lógico para esa fuente de sonido debía ser un can. Y en efecto, era un perro, famoso en las localidades cercanas por lo demás. Un círculo curioso lo rodeaba murmurando mucho del pobrecito-perro, de los desgraciados que lo atropellaron, del cuidado que deben tener los niños al jugar en la calle, de la irresponsabilidad de los conductores y derivando así en problemas sociales cada vez más generales. Mucho murmullo, pero poca acción. Después de enterarme de lo sucedido al perrito (sólo a través de los comentarios del círculo curioso) me quedé, morboso, contemplando esa miserable escena que, según mi parecer era sólo apta para mayores de 18, pero que sin embargo la mayor cantidad de espectadores era conformada por impúberes. Creo que los niños no debieran ver eso, menos cuando el perro deja de respirar y empieza a echar saliva por el hocico mientras sus vidriosos ojos miran a un horizonte que jamás volverá a buscar y los nervios se le comienzan a recoger. Eso fue lo más sórdido de todo esto: El perro echado a un lado de la calle. Los niños rodeándolo con sus caritas llenas de esperanza, que luego sería inútil. El perro comienza a dar sus últimos estertores, sin embargo la inocua imaginación de los pequeños los convierten en posibles “segundos aires” que lo harán resurgir de las profundices. Los niños, animosos ante cualquier movimiento de muerte parecido a un movimiento vital, lograban auto-engañarse de mejor manera de la que yo puede hacerlo. Cuando el perro no quiso resistir más de esta vida cruel y comenzó a enrollar sus nervios musculares, los niños, al contrario de cómo debía haber sido, se alegraron al tener la falsa, pero esperanzadora imagen de que ello era un signo de vitalidad. Míralo se está levantando, gritaban algunos de felicidad, mientras caminando me iba de vuelta a mi muro para evitar ver la escena cruda del descubrimiento de la verdad para los niños, pero también me iba al muro a buscar algún recuerdo que me ayudara a impedir que los ojos vidriosos de ese perro y las caritas de esperanza de los niños entraran en mi memoria, evitando que esos lastimeros GUAUUUU retornaran en un momento inesperado de recuerdos frente al muro. Al final, cada uno pinta su muro del color que quiera.

9/12/07

El Cheloveco: Año 1.


Hace un año me inicié con un blog. Comencé con un texto de bienvenida que se convirtió en un verdadero manifiesto respecto de los textos que lo sucederían. Explicaba, con ese tono narcisista que adquieren algunos jóvenes que no quieren serlo, el nombre de todo esto: El Cheloveco.
Hoy, a un año de ese primer texto, vuelvo a explicar el porqué del Cheloveco.
Cheloveco, ya lo dije antes, viene proviene de la novela de Burgess (que en 1971 Kubrick llevara al cine) La Naranja Mecánica. Cheloveco significa Individuo. Y aquí toma un espectro más amplio. Abarca la subjetividad, aquello connotativo para cada uno, en definitiva la interpretación personal y particular que no puede ser sustituida por una interpretación “más correcta”.
Todas las interpretaciones están en lo correcto, lo que las diferencia es el tamaño de cada una de ellas. Hay interpretaciones que pueden explicar una mayor cantidad de cosas y por eso pueden ser más valiosas. Empero, cada cual puede (y debe) interpretar todo como considere que es correcto hacerlo. Tener un espíritu librepensador es mucho más valioso que saber de memoria las fórmulas para pensar que otros hicieron.
Hegel decía que “lo que se ve en la superficie es lo más profundo”. Eso es precisamente lo contrario a lo que sucede: Hay que dudar, y hay que dudar de todo, precisamente porque lo de la superficie no es lo más profundo, ni lo más profundo está en la superficie.
Tanto las personas como los textos, tienen secretos. Secretos que no quieren revelar, por lo que los esconden. La misión del lector es descubrir los velos de esos secretos para entender la mecánica de las cosas un poco mejor. Y hablo de lector, no sólo para los libros, sino también para las personas, pues estas también son libros. Las personas también pueden ser leídas, y según mi experiencia, las personas son los libros más entretenidos que he encontrado en la biblioteca de la vida. No es necesario tener un libro al frente para poder leer, podemos leerlo todo.
Las cosas pueden expresar una cosa, pero siempre están diciendo otra. Yo, por ejemplo, escribo lo que quiero decir, pero utilizo otras palabras.

30/11/07

100.


Prolegómeno al Centésimo Texto.

Quizás jamás pensé en llegar a tener cien textos o a cumplir un año escribiendo. Quizás no lo pensé. Sin embargo, la quimérica vida que debe llevar alguien en las circunstancias socio-sistémicas que me llevan, obliga a tener un tubo de escape que sepa canalizar las ideas incomprensibles para algunos (y no tan incomprensibles para otros).
La función de este canalizador de sentimientos e ideas, ha variado en relación al tiempo, con distintas metas y objetivos según la longitud que posea el tiempo. Pasando de lo explícito y claro, a lo implícito y obscuro, he logrado intencionar y malintencionar textos que, si estuvieran sin máscara, sería como darme un verdadero disparo en la espalda para que parezca suicidio.
Las ideas que canalizo por este medio en un momento eran explícitamente academicistas y precisas, o al menos eso pretendía. Tras ese switch que hizo cambiar o dinamizar mis letras, las ideas se mostraban más superfluas, menos profundas, más descriptivas, menos precisas, más juveniles, pero sobre todo menos explícitas y más implícitas. Las letras se mostraron con códigos y mensajes solapados. Mensajes ocultos tras el velo de un texto absurdo.
Escribo lo que quiero decir, pero utilizando otras palabras.
Por eso, y para fortalecer aquella idea, decidí no escribir algo nuevo para el centésimo texto, sino renovar o reeditar el texto más representativo de lo quiero representar. Un texto que logra contar (y cantar) nítidamente un sentimiento y una escena, al mismo tiempo que esconde una gran lista de sentimientos e ideas que, a pesar de estar presentes, no aparecen. No aparecen a simple vista, pero que sí están, y en alta definición.
El centésimo texto, una reedición de “El Teatro de Comienzos de Milenio”, el texto que dice todo y nada, el texto que muestra escondiendo, el texto que dice callando, y que ahora recibe un nuevo enfoque para, desde el mismo lugar, dictar ideas y sentimientos distintos, o al menos cantarle a algo distinto. Lo esencial pretende ser invisible a los ojos y simultáneamente pretende mostrarse totalmente desnudo.

El Teatro de Comienzos de Milenio (Segunda Edición).

La musa no cantaba. Está invadida de pajaritos que, aunque no son carnívoros, estorban ante mis necesidades de bajofondo poético. Cuando al fin logré espantar esos obstáculos de nuestro cerco tácito de complicidad, pude también retratar el instante preciso de la inspiración exacta.

Apagamos los sentidos, nos desarmamos, nos pusimos la máscara y dimos comienzo a la función.

Miré la fachada del estro femenino, mientras ella, creando desde su mente realidades ficticias y ficciones reales, que acomodaban nuestras sugestiones implícitas, no cedíamos un nanómetro frente al público expectante. Tirando y aflojando esas sensaciones nulas, que sin ser dolientes, son explícitamente solapadas, con la finalidad de ocultar todas esas expresiones que piden a gritos salir de sus jaulas de cristal sacrílego.

Las direcciones de las miradas son radicalmente opuestas, sin embargo se buscan, no se encuentran, pero se buscan. Esquivos, hablamos de lo que sea, pero hablamos de eso hasta que los engranajes de la comunicación se vean sobreexplotados. Cuando la comunicación fallece, desesperados, inventamos cualquier excusa para seguir ahí, con sincronías corporales únicas, hablando de todo y mirando a la nada. En último término, gritamos, para evitar desesperadamente el fin de la escena.

¿Por qué lo hacemos? No tiene explicación. ¿Qué queremos? No está claro aún. Lo que sí, lo queremos, y lo queremos de tal forma, que arriesgamos todo lo que hemos formado, por la sola esperanza de seguir incrementando el volumen de esta obra.

La reciprocidad no es total cuando es sólo uno el que se oculta y sólo uno el que provoca. Frío como una roca fría, me quedo con la esperanza. Todas mis hipótesis acerca de tu cabello se vieron descartadas tras aquella transcripción de fenómenos, imposibles para ambos, deleitantes para ambos, incomunicables para ambos.

El obligatorio amor a la soledad de comienzos de milenio nos llama, no queremos oírle. Intentamos poniéndonos cerilla en las orejas, pero nada funciona cuando de cobardía se trata. Fuimos cobardes.

Con temor me despido.
Con hipocresía te presentas incólume.
Con valentía te acompaño a la escalera.
Con tristeza pisas los peldaños.
Con empatía alzo la voz. Te pregunto.
Con falsedad me dices que no.
Con seguridad me voy.
Con seguridad te vas.

Fin de la función: Todos ganamos, aparentamos haber perdido, pero sabemos que en realidad ganamos. Ése es nuestro gran y único secreto.

29/11/07

Operari Sequitur Esse.


Una tribu insular, perdida en el tiempo y en el espacio, reducida en cuanto a cantidad y calidad de sus integrantes, solía tener la creencia en un Ser Supremo, el cual sostenía el equilibrio universal. Todo se mantenía estable, en tanto el Ser Supremo así lo quisiese. Para que el Ser lo quisiese debían hacerle sacrificios.
Lo particular de esta tribu era quiénes eran inmolados. No eran los integrantes de las familias más débiles, ni los esclavos de guerra, ni los extranjeros, ni las mujeres, ni los débiles, ni los ancianos. No. Los ofrendados eran los más jóvenes, fuertes y vigorosos; los más sabios, trabajadores, perspicaces, leales e indispensables; los más poderosos, importantes y carismáticos. El ser objeto de sacrificio era visto como un regalo de la comunidad y un premio peleado por sus postulantes.
Tal vez la exaltación del sacrificio fue una creación de la misma comunidad, pero la deidad o Ser Supremo a la cual le sacrificaban a los más destacados de la comunidad, existía y vivía dentro del volcán de la isla. El volcán eruptaba cuando la deidad-monstruo tenía hambre. Era inmensamente grande y su placer máximo era devorar el sacrificio mensual que hacían los habitantes de su isla. Gozaba comiendo hombres, y por otra parte, los hombres disfrutaban siendo comidos.
La misma relación se daba en todas las islas cercanas (todas las islas a la redonda contaban con un volcán y un monstruo-dios que se alimentaba de los felices sacrificados).
Por generalización hubiera dicho que en todas las islas se daba la relación, sin embargo en una no se daba. Las condiciones eran las mismas: Una isla, un volcán, una comunidad tribal, un dios-monstruo y la tendencia voluntaria de la comunidad ante el sacrificio. Lo único que variaba respecto de las demás islas era el desagrado del Ser Supremo de comerse los sacrificios que le eran ofrecidos. Es más, no se los comía sino que se los regalaba a los monstruos de las otras islas.
Se daban todas las condiciones, pero no ocurría lo mismo. El monstruo de esta isla tenía la particularidad que desde antes había sido acostumbrado a comer sólo las plantas y árboles de la isla, ante la no existencia aún de los humanos. Fue la isla en la cual el poblamiento humano fue más tardío, por lo cual el monstruo, para sobrevivir, tuvo que recurrir a la alimentación herbívora, en contraposición a los demás monstruos carnívoros.
A pesar de que no le agradaba comerse a los humanos, no lo hacía porque no le satisficiera su sabor o su textura (de hecho nunca había probado uno), sino que no los comía por una incomprensible especie de lealtad ante las hierbas, que era superior a su curiosidad por los humanos. Siempre quiso comer humanos, pero se lo impedía esa restricción incomprensible que emanaba de la vegetación.
Lo malo ocurrió un día en que el monstruo herbívoro se vio desnutrido y en serios problemas de muerte, todo con una clara culpabilidad de la vida alimenticia que llevaba. Por esto un día se atrevió y probó el sacrificio mensual de humanos. Le encantó y le hizo bien. Se recuperó y evitó el engaño hacia su veneradora comunidad. Todo se le hizo más fácil al monstruo-deidad. Se volvió más ágil y adquirió una rapidez mental que antes no poseía siendo herbívoro. En fin, optó por lo sano, lo que los demás Seres Supremos como él hacían, y lo que de hecho él debió siempre haber hecho: Comer humanos, como todos los demás.
Su gusto por las hierbas era totalmente incomprensible, lo lógico era comer humanos, lo hizo y fue la mejor opción.

20/11/07

Depende de la Intención con la que Leas.







Cada uno ve aquello, y sólo aquello, que quiere ver. Sin embargo, a veces vemos lo que no queremos muchas veces ver, y que de hecho allí está. Nadie usa la lente que no quiere usar.
Literatura. Cualquiera puede pasar sus ojos por encima de las letras de un texto. Pocos pueden leer un texto. Muchos pueden leer lo que escribo, pero pocos pueden llegar a interpretar de manera más correcta lo que leen, porque pocos saben porqué escribo y a qué escribo y de qué escribo, e incluso a quién escribo, en cada texto. La mayoría de las veces le escribo al sistemático viento… la mayoría de las veces, pero no todas.
Siempre me lo han dicho, y por eso siempre lo digo: “La poesía es el lenguaje de los cobardes”. La mayoría de las veces escribo poesía, a pesar de estar escribiendo en prosa ¿Se es cobarde por expresarse de manera más íntima? ¿Se es cobarde por temer a corresponder demasiado? Puede ser. Sin embargo, uno parece estar escribiendo como cobarde, pero no es así: Uno dirige sus mensajes. Selecciona elitistamente a su lector. Utiliza un lenguaje incomprensible para el mundo, inentendible para la gente, pero inteligible totalmente para el receptor deseado. Lo receptores ajenos pueden interpretar lo que quieran (como cual vieja copuchenta), porque ellos no tienen la menor incidencia dentro del universo emisor-receptor. Es un discurso privado, donde el universo de ambos es intocable.
Algunas ideas son incomprensible, y otras no tanto. Porque la rueda siempre giró, desde que empezó a girar, a pesar de creer que por un momento dejó de girar, siempre estuvo girando, lo que después quedó demostrado. De ruedas que tienen título, de títulos que obtienen comillas, de comillas que se hacen para el público. Qué bueno que las masas son inconscientes, que la gente es superficial. Lo que sí, hay que tener cuidado con las cosas, porque las personas son cosas. Al siguiente nivel. Lo que implica cambiar de estro… y eso es un buen indicio, para todos.
Bueno, cada cual lee lo que quiere leer. A veces lee menos, a veces lee más. A veces se actúa menos, otras veces se actúa más. Algunas veces damos más, otras veces menos, confiando o temiendo a recibir más o menos. Sin embargo, hay que estar dispuesto, siempre, a aprender.
De hecho, ser rudo o sexy no importa cuando logras descubrir cosas o pasas a convertirte en un pilar sostenedor fundamental del cielo constituido. La confianza hace girar la rueda, sobre todo cuando la confianza es tal que logra soportar ese estratosférico cielo. Cuando te conviertes en un pilar, todo es recíproco, pero hasta el momento va poco del nuevo nivel.
Al menos el doble sentido interno funciona sin que los demás se den cuenta, y eso da otro nivel de confianza que se puede aprovechar cuando no se está a la vista paciente de los demás.
Algunas ideas son incomprensibles, y otras no tanto. Cada cual lee lo que quiere leer. Lee lo que quieras leer, porque esa interpretación va a ser, aunque no lo creas la más correcta de todo el universo.

18/11/07

"Atomic".



Para partir la partida hay que partir, primero, la parte que parte desde la primera parte hasta la parte que parte las otras dos partes. Lo explico, pero parte a parte.
Si quieres vas, tomas un vaso y te sientas. Corres. Mientras corres, no paras de pensar, pensar por lo menos en que estás pensando que piensas, y piensas, y piensas, y piensas… cosas que al final ni pensaste que sucederían, ni que podrían suceder tomando en cuenta los antecedentes de dicha causa, porque cuando se procede, se hace con conocimiento de causa de lo contrario lo inpensado puede suceder.
Si logras pensar en que piensas algo que valga la pena, para de correr, detente. Cuando pares de correr, no te detengas, sino que camina. Caminando ya todo es más fácil, porque no necesitas pensar tanto como antes: Necesitas actuar. Actuando, o haciendo actos, puedes obtener más concretizaciones de sueños cósmicos o atómicos.
Un sueño cósmico es el que nos permite volar más allá de nuestros sueños, porque sabemos que nuestros sueños son chicos en comparación con lo que podemos llegar a soñar: Tenemos miedo a soñar cosas grandes.
Un sueño atómico es el que nos da la posibilidad de cumplimiento a corto plazo, sin embargo es un sueño de menor envergadura que el sueño cósmico. Relación tamaño/tiempo es la de los sueños.
Volviendo a que los sueños se realizan sólo haciendo cosas, no podemos dejar de lado la importancia de tener a mano una mano que, en el mano a mano, te preste una mano. Me explico. Los sueños pueden ser colectivos.
Hablar de los sueños, a veces me da sueño, aunque es un sueño no tener sueño, para así tener tiempo de tener sueños. Son, más que sueños, ideas. Ideas en cuanto ideales. Ideales en cuanto idealizaciones. Idealizaciones en cuanto imposibles en el aquí-ahora-en-estas-circunstancias. Nada es posible ahora. Porque ahora no estás haciendo nada, más que leer. Pensar quizás. Haces cosas, para lograr cosas y tener cosas. Cuando tienes las cosas adquieres más cosas para poder guardar las otras cosas que, entre cosa y cosa, cosas traen. Me explico. Lo imposible es lo que no se intentó.
Como idea, al final, es buena idea lo que piensas mientras corres, porque es tan imposible como cósmico y tan posible como atómico.

17/11/07

Soñar es un Sueño.


¿Para qué dormir? ¿Para soñar? Yo ya sueño estando despierto, no necesito cerrar mis ojitos para ver las cosas de un color que me agrade. Yo no duermo porque quiero, duermo porque hay cosas que traen somníferos, y ante ellos no puedo hacer mucho, porque al final soy sólo un hombre. 2001: Una Odisea en el Espacio, por ejemplo, es una película que viene con relajantes de músculo en sus escenas.
Pero no puedo ser egoísta. Hay personas que necesitan dormir para, no sólo soñar, sino además evadir la sórdida realidad que los ataca diariamente y que les impide soñar con los ojos abiertos, porque no tienen tiempo o porque no tienen plata.
A mí también, a veces, me invaden historias, escenas y personas sórdidas o con circunstancias sórdidas, pero todo esto no tiene un grado de sordidez tal como para impedirme moldear realidades a mi gusto, esculpiendo con el cincel de la imaginación.

16/11/07

Waiting...


“Mientras más te demoras en llegar a una cita, más larga se hace la lista de defectos de tu persona”. (Salvador Dalí).

¡Rayos! Bien, voy atrasado, nuevamente. Me dijo al mediodía en el Café Literario… y son las doce cinco. ¡Maldita sea! Me tuvo que esperar cinco minutos, y yo sé lo desagradable que es esperar a otra persona. Me va a odiar, lo sé, lo sé y me lo merezco ¿A quién le gusta esperar? Esperar a otro es, simplemente, la peor forma de perder el tiempo, porque en ese lapso no estás sólo esperando, sino que mientras estás solo haciendo nada, no te queda nada más que maldecir, insultar y matar mentalmente al inconsciente atrasado. Sacamos a relucir todo lo malo de ese malnacido (porque en ese momento deja de ser tu amigo, tu conocido, tu familiar… ¡Deja incluso de ser persona!). Y no sólo eso, cuando esperamos, la imagen que proyectamos es demasiado humillante: Sentados, mirando al horizonte, haciendo nada y pensando en todo. Uno piensa realmente las estupideces más estúpidas cuando está esperando. Sin embargo, pensamos sólo en nosotros mismos, en nuestra pobre persona que ha sido humillada en un lugar público. Pero ese pobre ser, egoísta, en que se convierte el que espera, no piensa de ninguna forma en la gente como yo, la persona que va atrasada. Y nadie va a atrasado porque quiere, siempre hay excusas, lo malo es que las excusas son inútiles en estos casos, y más aun tienden a agravar el problema. Porque esto de ir atrasado, a la larga se convierte en un problema a solucionar.
¡Uff! Llegué siete minutos tarde, ojalá que no esté esperando hace rato. La busco, no la encuentro. Que bueno, debe haberse atrasado también. La espero… Voy a verla si está adentro… quizás está en el baño… ¡Ah! Debe haber entendido a las doce y cuarto. La espero. ¿No creerá que es en la biblioteca de Santiago? No, le dije muy claro “en el Café”. Son las doce y cuarto, la espero. Igual, siempre se atrasa, quizás le pasó algo. Las doce dieciséis. ¿¡Por qué siempre se atrasa!? Eso es lo malo que tiene a veces. No importa, un amigo siempre espera a otro hasta que llegue. Doce dieciséis aún. Creía que era yo el atrasado y me apuré ¿Para qué?... Bueno, ya va a llegar: La espero. Doce veinte y no llega… Espera ¡Ahí viene!... Ah no, no era, pero se parecía mucho. ¡Por qué no llega! Es desagradable, sólo a ella le gusta que la esperen, pero llego tarde y no me habla en varios días. Doce y media ¿Se habrá equivocado de lugar? ¡Maldita sea! Me voy a tomar un Mokaccino mejor.

Voy en el cuarto Mokaccino, en el sexto cigarro y son las dos cuarenta de la tarde: Creo que ya he esperado mucho. He esperado casi tres horas a alguien que creí mi mejor amigo, pero que me doy cuenta que no es más que una mala persona, una cruel, inconsciente y vil despiadada persona… ¿Persona digo? ¡Es un monstruo! Me hizo esperar tres horas, después de lo bueno que fui… ¿¡Qué le costaba llamarme que no vendría!? Lo peor de esperar, es que de hecho tenemos la esperanza de que la persona llegará. Si nos avisa que no vendrá ¡Bien! Nos hacemos los ánimos para eso. Pero cuando el hombre se enfrenta a lo incierto cosas inesperadas ocurren en nuestra interioridad. ¿En qué momento pensé que esta tipa podía ser mi amiga? Me humilló, me abandonó, me plantó.

Esperar es como tener esperanza de algo. Nos ilusionamos y nos preparamos para una respuesta incierta. Con la esperanza no tenemos nada seguro, nada, excepto la certeza de que la respuesta no la tendremos pronto. La esperanza nos hace aplazar nuestra felicidad para después. La esperanza nos quita la libertad de elegir otra opción mientras no sepamos el resultado de la primera. La esperanza nos hace sufrir con agrado torturas, ya que suponemos son para un bien superior. La esperanza es sufrimiento, esperar es tener esperanza.

12/11/07

La vi Desnuda y me Enamoré.


Nunca la había visto desnuda. La vi pálida y desnuda. Desnuda se mostraba ante mí, y la amé por un instante. Siempre la veía con su vestidito blanco con puntitos negros, o con su maquillaje grisáceo. Esta tarde fue distinto: Estaba desnuda, una que otra parte de su cabeza estaba cubierta de nieve, pero estaba desnuda al fin. Me guiñaba libidinosamente, mas la micro ya doblaba para darle la espalda (debo reconocer que me giré hasta que me fue imposible seguir contemplándola). Nunca la había visto así, desnuda, bella, sin maquillaje. Años mirándola al amanecer, mirándola a los ojos, despertándome con ella, siempre con su típico vestidito. Me gustaba mucho así, pero desnuda fue una experiencia cataclísmica para mis sentidos. ¡Cuántas veces la habré tenido así, desnuda, desnuda sólo para mí! Primera vez que la veo, o más bien que me doy cuenta de que está desnuda. No sé qué habrá sido: La carga emocional del día o la descarga mental del año. Fuera cualquier cosa, la vi desnuda, y me gustó demasiado ¿Ya dije que la amé por un momento? Me enamoré de ella, la siempre gélida, frívola y esquiva. La soberbia e imponente paliducha me flechó como nunca lo hizo nada ni nadie. Nunca pensé que de ella podía enamorarme, era tan cotidiana que ya era como de mi familia. Me enamoré. No creo que me distinga entre tantos enamorados que tiene, pero el saber que está soltera me da la maldita esperanza. Quizás le invite un café. Hasta entonces seguiré amándola tras las sombras, o tras las multitudes. Me enamoré porque la vi desnuda. Me enamoré porque la vi sin nieve, porque la vi sin smog.

10/11/07

Da Life!


Es lo que más me gusta de la vida. Lo encuentro tan ingenioso de parte del que controla mi destino, si es que… Es un efecto residual, y que aun sabiendo que existe y reconociendo que pasará de nuevo (todos los días), logra sorprenderme, emocionarme, animarme, despertarme, asombrarme, extasiarme, llevarme al paroxismo, hacerme sentir el guardián de un secreto íntimo y privado lleno de exquisitos detalles subjetivos, enamorarme, despabilarme, desesperarme, confundirme, aclararme, aturdirme, anonadarme, obnubilarme, apasionarme, deleitarme, exaltarme, callarme y sublimarme, pero sobre todo enamorarme. Me enamoro de ese efecto.

El efecto. Te muestran dos fotos y te piden que expliques lógica, coherente y verosímilmente cómo se llegó de la primera escena a la segunda. Causa efecto. Si te mostrarán una foto en la que apareces tú besándole la mano al Papa, y te dicen que esa foto fue tomada mañana, ¿Cómo podrías explicar que desde tu “aquí-ahora” llegarás a, en unas horas más, estar en el Vaticano? Algo así es el efecto que me ocurre.

Si me hubieran dicho hace veinte minutos que estaría aquí-ahora, no lo habría creído.

El efecto me hace, pocas veces, extrañar la odiada rutina.

Es como leer un libro con final inesperado… y eso es siempre agradecido.

6/11/07

Juventud, Cultura y Poder.


De por qué los poderosos no quieren acercar la cultura a la juventud.


No sé, todo se me fue a negro.

Está despertando, como todas las mañanas, con su ringtone de Pure Morning de Placebo (banda que legó de su último novio). Aún no ha abierto los ojos, pero ya se siente incómoda: Le duele la boca del estómago, algo de costumbre para ser sábado en la mañana, porque al ser sábado en la mañana hay un indicio de que anoche fue viernes por la noche, lo que implica muchas cosas. ¡Toc-Toc! Siente que golpean a la puerta, aún no abre los ojos y no pretende abrirlos, en parte por vergüenza a que le sientan el olor a… olor a… olor a viernes por la noche (eso engloba los olores con los que se carga un sábado por la mañana). ¡Toc-Toc!... Click. Giran la perillla, abren la puerta, no abre sus ojos, siente que la observan, no abre sus ojos… salen de la habitación, cierran la puerta, ya nadie la observa, sabe que está sola en ese cuarto caluroso y poco ventilado. Lame su paladar: Sabe feo, pero un feo ya conocido. Abre los ojos, está mirando el techo. Es un techo con espejos. El techo de su pieza es blanco. Mira a las murallas que la rodean: Frente a ella, una serie de repeticiones del rostro de Mick Jagger sonriendo y en distintos contrastes de color (Pop Art) y sobre esas imágenes un escrito que dice “I Can´t Get No Satisfaction”. Mira hacia las demás murallas y encuentra con su vista dos estantes, uno a su izquierda y el otro a su derecha, todo dentro de una habitación no más grande que el baño de una disco. El estante de su derecha está repleto de libros. El estante de su izquierda está más repleto que el anterior, pero de discos de vinilo. Se mira al techo y se ve envuelta por una sábana blanca que se fusiona con su lívida piel, haciéndola parecer una virgen, imagen que se auto-borra de inmediato de la mente. Se vuelve a mirar en los espejos del techo, y se gusta, se encuentra tal como siempre quiso que los chicos la imaginaran: Con su cabello negro desordenado, sin anteojos, pálida como nunca y con los labios muy rojos. Se gustó mucho. Está tratando de recordar la noche, pero no pudo. De hecho no recuerda si pasó algo de lo que pretendía esa noche. Al parecer, no pasó nada, porque se sentía como si no hubiera tenido sexo la noche anterior. Está excitada, un poco. Está desnuda, en una cama que no es la suya, y peor aún, no sabe de quién es. Mira a su derecha, al estante de libros, y se fija en una vela larga. Se levanta y va por la vela. Se vuelve a acostar. Está empezando a masturbarse.

¡Bang! Sonó el disparo. El baño solía ser blanco, más bien solía no estar bañado en sangre. Después volverá al baño. Se dirige a su sala de música. Enchufa el tocadiscos. Busca su favorito: El ininterrumpido de Woodstock. No lo encuentra: Está en su pieza. Se dirige a su habitación, acariciando su bigote.

Está masturbándose en una pieza extraña, con una vela que no es suya, un poco ebria aún y con un calor de los mil demonios… ¡pero rayos qué placer se siente! Está comenzando a gemir, pues su excitación ya no es tan exigua como al comienzo. Está pensando en él. ¡Click! Abren la puerta de golpe. Tiene los ojos cerrados y no pretende abrirlos, esta vez por pudor: Nunca se había mostrado desnuda mientras se frotaba sus partes frente a un desconocido. Es un hombre pálido, de nariz puntiaguda, facciones finas, esbelto, delgado, vestido de negro, con guantes de cuero negro, una Remington gris de 9 mm. en la mano izquierda y con un caminar muy particular y acelerado a través de (al parecer) su pieza. Fue directamente al estante de los discos, sacó uno del montón y se fue rápidamente de la pieza dando un portazo que silenció toda la excitación existente en esa habitación. Click. El hombre vuelve a entrar a la pieza. No te preocupes, no vi nada dijo y se fue. Con la vela en la mano (ya no en su entrepierna), ella está sintiendo pudor. Deja la vela y empieza a buscar su ropa. Se baja de la cama. Ya no está excitada. Ve bajo la cama y hay un tocadiscos y su ropa. Se pone la polera blanca estampada con tres stencils secuenciales de la Virgen María. Se pone sus pantalones negros. Quiere fumar. Busca su bolso, pero no está. Quiere fumar. Pensó en volver a masturbarse, ya que no había terminado antes, pero no se atrevió. Se sentó en la cama y es allí, y sólo allí cuando por primera vez se hace una pregunta rayana a lo filosófico ¿Dónde estoy? Nunca le había importado eso, hasta ahora. Empezó a preguntarse por quién podía ser el tipo que entró, se percató que además entró con un arma, por lo que podía ser peligroso ¿Por qué me trajo a su casa? Justo en este momento comienza a sonar muy fuerte una música que le recuerda a los hippies. Le molesta esa música. Se dirige al estante de los discos. Busca algo de Joy Division, Placebo, Morrisey, The Smiths, Garbage, Radiohead, Björk, Pulp, Blur o algo por el estilo. Pero nada. Había otro tipo de música. Títulos que le parecían fomes, con palabras como “Obertura”, “Menor bemol”, “Número”, “Orquesta”… en fin, todo indicaba que esos casi mil vinilos estaban conformados sólo por música clásica. Por último puso algo que conocía, para evitar la bulla de afuera y pasar el rato antes de salir de la habitación esperando que el hombre volviera a entrar. Toma el que dice Beethoven. Ahora se dirige al estante de los libros.


***************


Ya han pasado casi once meses. La chica recibe cada mañana una porción de alimento necesaria para todo el día y una tinaja llena de agua para su aseo personal. Ha resistido once meses. La puerta no se ha abierto más que para entrar las cosas en la mañana.


La chica ha leído más de cuatrocientos libros de casi todos los temas y ha escuchado desde la Tocata y Fuga de Bach, pasando por el Adagio de Albinoni, El Mesías de Händel, Las Cuatro estaciones de Vivaldi, todas las Sinfonías y Sonatas de Beethoven, Los Himnos de Haydn, todo lo imaginable de Mozart, y desde ahí pasando por Bizet, Schubert, Chopin, Dvorak, Liszt, Mendelssohn, Puccini, Korsakov, Rossini, Strauss (padre e hijo), Tchaikovsky, Verdi, Wagner, Orff, Debussy, de Falla y Ravel hasta Stravinski. Todo esto como producto del ocio.

El hombre pensó que ya era hora. Tomó su Remington, la cargó, se puso los guantes y se dirigió a la habitación de la chica. Antes se preocupó de poner en su tocadiscos el The Queen is Dead de The Smiths, para hacerle recordar a la chica su vida de hace once meses, esa vida feliz y tranquila.

Click, la puerta se estaba abriendo. La chica le clava una vela larga en la cuenca ocular derecha al individuo que está entrando. Se la enterró lo suficiente como para que el individuo soltara su arma. La chica cogió el arma, le apuntó a la cabeza al desconocido y con The Smiths de fondo le encajó un disparo en el ojo izquierdo. La chica toma el cuerpo inerme del tipo de negro y se dirige al primer piso. Ve una habitación abierta, muy brillante y blanca, donde se dirige con el cuerpo. Parece ser un baño, lleno de sangre por todos lados y un cadáver esquelético que debe estar hace meses en ese lugar. Deja el cadáver del tipo sobre el otro muerto.

Al fin la chica es libre, pero no pretende irse de esa casa. Ahora ella es la reina de ese templo. Se dirigió al tocadiscos, sacó a The Smiths y puso a Beethoven.

28/10/07

El Aura Inefable de la Proximidad Apenas Rota.


Logró comprenderlo sólo por un instante: El momento preciso en el que aquel huevo de cristal llamado proximidad es quebrantado por las fuerzas de lo Underground. El resto del tiempo (cuando la proximidad existe, y también cuando no) me es inefable describir de qué color es ese aura de proximidad.
Dependiendo de lo Underground, la cuerda de la proximidad va y viene, sube y baja, se estira y afloja: Es Elástica. Intento describir la proximidad, pero es tan dinámica que cuando tenga lista una descripción de lo más, lo descrito es muy distinto a mi descripción.
Al final Non Serviam. El Undergorund es como un imán que interviene nuestros haces de átomos rosados.
Es cuando tu aura se vuelve inefable, cuando el nexo entre lo natural y lo artificial peca en gran parte por aquello de la fidelidad que no es tan alta, no es tan al tan la fidelidad. Da-Da-Da.