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1/1/08

El Crónico Último Día.


Desde que mi memoria comenzó a grabar imágenes, las del día de año nuevo son similares. Me despierta un palmetazo del Sol, de ese Sol de la una y media de la tarde. Me levanto como un zombie, separando el denso aire para poder ir al baño a darme una ducha que me devuelve a mi estado normal de “persona con calor”. Almuerzo con mi hermano a alrededor de las cuatro, esperando la caótica estampida de labores que mi familia se alista a realizar. Tras el almuerzo debemos refugiarnos en nuestras respectivas trincheras para evitar ser arrollados por la manada de mujeres aceleradas, preparando todo para la única noche en que nada debe salir mal, y lo tienen que hacer rápido pues el año ya se les va de las manos como si fuera un puñado de aire.
Con mi tío y mi hermano, siempre hemos salido desde las seis de la tarde hasta las diez de la noche el día de año nuevo ¿La razón? Evitar el caótico, caluroso, denso, tenso, alterado, acelerado, dramático, y en general femenino ambiente que rodea la llegada del nuevo año nuevo que llega.
Vamos a caminar, durante todo ese lapso, por el centro santiaguino, donde logramos visualizar la esperanza en los rostros de la gente a los pies del coloso que cobra vida sólo en año nuevo: La Torre ENTEL. La gente con su comida, sus globos, sus cornetas, sus ilusiones, sus esperanzas, sus malos ratos y la típica frase “al fin se va este año”.
Había un cheloveco totalmente ebrio, cantando plegarias a algún dios y en contra de su familia que botado lo dejó. Hice la pregunta retórica a mi hermano de que cómo no pudo esperar un par de horas para embriagarse a destajo en su casa. Mi hermano exclamó “¡Claro, se pierde lo mejor!”.
Una señorita me dijo “¿Subes?”. No entendí primero, luego sí, y me pregunté quién podría aceptar esa invitación a “subir” a vísperas de año nuevo. Alguien que pasa la noche de año nuevo con una puta debe ser alguien sin el sentido de “lo mejor” que me decía mi hermano, alguien sin ese “lo mejor” esperándolo en casa. La cena de año nuevo debe ser la cena más esperada del año, por lo que alguien que la deseche así como así en la entrepiernas de una puta al lado de La Piojera es porque simplemente quiere olvidarse de esa cena.
El día de año nuevo es como un ritual. La gente despide el año esperando que las deidades manden (siempre) uno mejor, para lo que le ofrecen creencias en supersticiones baratas, además de fuegos de artificio.
Los fuegos de artificio son los que de mejor forma representan todo el sentimiento y la mística del día de año nuevo: Cartuchos que lo único que hacen es ascender y explotar, una y otra vez, año tras año, pero cada año sorprenden más que el anterior, recordándonos que esto pasó el año anterior y que volverá a suceder el año próximo.

30/12/07

Papel Recogido de la Calle.

Efectivamente, este es un papel recogido de la calle.

Los Libros y Usted.

Las personas que compran libros por metro deberían leer por lo menos un centímetro por día.
Lo peor que puede ocurrir con un libro es que permanezca virgen toda su vida. El libro fue hecho para ser utilizado, amado, devorado.


Los buenos libros fueron hechos para ayudarlo a usted a pensar. Todas las grandes conquistas del hombre tuvieron como base muchas lecturas.

Usted también puede realizar sus conquistas.

Cada vez que usted lee un buen libro, algo cambia dentro de usted.

Usted se vuelve un poco más inteligente, está mejor informado y tiene mayor conciencia para mejorar su propia vida y la de los demás.

Basta un centímetro de lectura por día para que usted perciba las cosas mucho más adelante. Para que usted pueda ir mucho más lejos.

Lea los buenos libros. Los libros que abren los ojos, no los que los adormecen.
Lea y haga propaganda entre sus amigos. Con cada nuevo lector de buenos libros va surgiendo un país nuevo.


Retire los libros de la biblioteca y póngalos en lugar seguro. Delante de sus ojos. Dentro de su cabeza.

Lea más, enriquezca su cabeza.

18/12/07

Fotografías del Recuerdo.


Flash: El sonido que captura parte del presente, para que en el futuro, cuando el presente sea pasado, podamos reconstruirlo.
El inconformismo humano lleva a que el presente se vea arrolladoramente sobrepasado por el pasado, que muchas veces es idealizado, pues ante nuestra incapacidad para mantener eternamente resplandeciente el recuerdo del pasado, tendemos a rellenar el pasado. Es como si el tiempo nos robara algunas fotografías del pasado, las que nos vemos obligados a sustituir por otras de menor fidelidad.
Recordamos para evadir el presente, para olvidarnos del futuro. Desde el presente acudimos a las fotografías del pasado con la finalidad de hacer que el tiempo transcurra más amenamente hasta que llegue un nuevo momento digno de ser fotografiado para la posteridad. Sin embargo, existen momentos en los que el “estar recordando” se convierte en un momento digno de ser retratado, y en ese caso particular nuestro recuerdo llevaría la etiqueta de “recordar que recordaba”. Lo cual se da también en el ámbito de la Historia (como ciencia misma de la memoria social), al hacer Historia de la Historia.
Como dije antes, los recuerdos que poseemos no son la totalidad de los recuerdos que configuran la situación exacta, pero existen los mecanismos para, de cierta forma, “deducir” posibles recuerdos, según sucesiones de causa y efecto. El error de lo anterior puede llevar a la creación de falsos recuerdos que, con la fuerza apropiada, pueden llegar a convertirse en realidades.
Los recuerdos son manipulables, sobre todo desde una esfera de poder como, por ejemplo, lo es el Estado. El Estado tiene la fuerza necesaria como para inducir recuerdos a la población que gobierna, con una meta favorablemente política. Histórico ejemplo de lo anterior lo constituye la creación de la historia política por parte del gobierno de Stalin, en la que hace desaparecer de la memoria colectiva a la figura de Trotsky.
En un trabajo documental acerca de la conmemoración de la creación del Ejército Rojo durante el gobierno de Stalin, llamó la atención que en ningún momento se haya nombrado siquiera la palabra “Trotsky”, siendo que fue él quien organizó la creación de dicho organismo militar. Pero la ausencia de Trotsky en la historia impuesta por Stalin no es casual, sino todo lo contrario, un agudo trabajo de inteligencia.
Así, desde este mismo fenómeno, el de la inducción de recuerdos hacia la población, se da otro fenómeno que es el del contraste de recuerdos. Cuando un individuo de la población se resiste a la asimilación de un recuerdo impuesto por el Estado, va a presentar diferencias entre sus recuerdos y los que el Estado impone (siguiendo con el ejemplo del Estado).En la diferencia de recuerdos se puede dar que una de las dos partes posea la versión más cercana a los hechos, como también se puede dar que ninguno posea una versión cercana a los hechos. Y es en esos casos donde pesa la credibilidad de cada una de las partes, ya sea una credibilidad basada en una argumentación lógica y racional, o bien una argumentación basada simplemente en el poder.
Volviendo al tópico de los recuerdos particulares (en contraposición a los recuerdos colectivos), es posible distinguir la capacidad de rellenar ciertos recuerdos incompletos, efecto que también se da cuando recordamos el futuro. Desde el presente, tomando los hechos y circunstancias actuales y pasadas, podemos especular acerca del advenimiento del futuro cercano y obtener desde ese pequeño e inexacto viaje al futuro ciertas fotografías que pasarán a constituir parte de nuestros recuerdos del futuro.

Todos los fenómenos relativos a la memoria y a los recuerdos llevan mucho del sujeto que recuerda, por lo tanto es un fenómeno fuertemente subjetivo, que necesita principalmente de un ingrediente para su funcionamiento: Imaginación. Ya lo decía Nietzsche al referirse a los historiadores: “El historiador no tiene que ocuparse de los acontecimientos tal y como han ocurrido en la realidad, sino simplemente tal y como él los supone ocurridos. Todos los historiadores cuentan cosas que jamás han sucedido, a no ser en su Imaginación”. Y es la labor de todos, también, en nuestro rol de historiadores de, al menos, nuestra historia personal contar los hechos como queramos que los demás lo perciban, pues sinceramente nadie es tan honesto como para contar una historia que le desfavorezca abiertamente.

15/12/07

El Muro de los Recuerdos.


Sentado frente al muro. Observando los detalles de construcción, pero pensando en otra cosa mucho menos fría que un muro. Intentando escuchar lo que el muro pretende decir a través de la activación casi eléctrica de recuerdos que resplandecen con el simple click de una imagen. De uno en dos y de dos en tres, los recuerdos llegan y se van, vienen y se quitan, suenan y se opacan, casi digitalmente. Vienen colores, se van sonidos, aparecen caricias, vuelven sabores y también olores. Chic chic chic llegan las imágenes una tras otra, inducidas por otras imágenes. Lo mismo pasa con los colores, los sabores, las caricias, los sonidos y los olores plim plam plus click chac pass. Pasaban y pasaban, una tras otra las sensaciones que guarda el cuerpo en su memoria hasta que GUAUUUU desde el fondo. AÚUUU desde más allá del muro. Intentaba concentrarme para ver qué aullaba de esa forma tras el muro, pero mientras más lo intentaba, menos me era posible averiguarlo. Me había volatilizado al pasado, pero ese aullido me hizo volver. Y en buen momento, porque una pequeña trampa mental basta para sumir a cualquiera en una vorágine de porqués. GUAUUUU de nuevo y definitivamente ya estaba sentado en el presente: se me había acabado la gasolina de la máquina del tiempo. Mi problema actual era averiguar qué aullaba tan estrepitosamente. Me paro y salgo a la calle, siguiendo el AÚUUU y GUAUUU AAAAAH. El aullido cada vez es menos agudo y cada vez más agónico. Lo más lógico para esa fuente de sonido debía ser un can. Y en efecto, era un perro, famoso en las localidades cercanas por lo demás. Un círculo curioso lo rodeaba murmurando mucho del pobrecito-perro, de los desgraciados que lo atropellaron, del cuidado que deben tener los niños al jugar en la calle, de la irresponsabilidad de los conductores y derivando así en problemas sociales cada vez más generales. Mucho murmullo, pero poca acción. Después de enterarme de lo sucedido al perrito (sólo a través de los comentarios del círculo curioso) me quedé, morboso, contemplando esa miserable escena que, según mi parecer era sólo apta para mayores de 18, pero que sin embargo la mayor cantidad de espectadores era conformada por impúberes. Creo que los niños no debieran ver eso, menos cuando el perro deja de respirar y empieza a echar saliva por el hocico mientras sus vidriosos ojos miran a un horizonte que jamás volverá a buscar y los nervios se le comienzan a recoger. Eso fue lo más sórdido de todo esto: El perro echado a un lado de la calle. Los niños rodeándolo con sus caritas llenas de esperanza, que luego sería inútil. El perro comienza a dar sus últimos estertores, sin embargo la inocua imaginación de los pequeños los convierten en posibles “segundos aires” que lo harán resurgir de las profundices. Los niños, animosos ante cualquier movimiento de muerte parecido a un movimiento vital, lograban auto-engañarse de mejor manera de la que yo puede hacerlo. Cuando el perro no quiso resistir más de esta vida cruel y comenzó a enrollar sus nervios musculares, los niños, al contrario de cómo debía haber sido, se alegraron al tener la falsa, pero esperanzadora imagen de que ello era un signo de vitalidad. Míralo se está levantando, gritaban algunos de felicidad, mientras caminando me iba de vuelta a mi muro para evitar ver la escena cruda del descubrimiento de la verdad para los niños, pero también me iba al muro a buscar algún recuerdo que me ayudara a impedir que los ojos vidriosos de ese perro y las caritas de esperanza de los niños entraran en mi memoria, evitando que esos lastimeros GUAUUUU retornaran en un momento inesperado de recuerdos frente al muro. Al final, cada uno pinta su muro del color que quiera.

9/12/07

El Cheloveco: Año 1.


Hace un año me inicié con un blog. Comencé con un texto de bienvenida que se convirtió en un verdadero manifiesto respecto de los textos que lo sucederían. Explicaba, con ese tono narcisista que adquieren algunos jóvenes que no quieren serlo, el nombre de todo esto: El Cheloveco.
Hoy, a un año de ese primer texto, vuelvo a explicar el porqué del Cheloveco.
Cheloveco, ya lo dije antes, viene proviene de la novela de Burgess (que en 1971 Kubrick llevara al cine) La Naranja Mecánica. Cheloveco significa Individuo. Y aquí toma un espectro más amplio. Abarca la subjetividad, aquello connotativo para cada uno, en definitiva la interpretación personal y particular que no puede ser sustituida por una interpretación “más correcta”.
Todas las interpretaciones están en lo correcto, lo que las diferencia es el tamaño de cada una de ellas. Hay interpretaciones que pueden explicar una mayor cantidad de cosas y por eso pueden ser más valiosas. Empero, cada cual puede (y debe) interpretar todo como considere que es correcto hacerlo. Tener un espíritu librepensador es mucho más valioso que saber de memoria las fórmulas para pensar que otros hicieron.
Hegel decía que “lo que se ve en la superficie es lo más profundo”. Eso es precisamente lo contrario a lo que sucede: Hay que dudar, y hay que dudar de todo, precisamente porque lo de la superficie no es lo más profundo, ni lo más profundo está en la superficie.
Tanto las personas como los textos, tienen secretos. Secretos que no quieren revelar, por lo que los esconden. La misión del lector es descubrir los velos de esos secretos para entender la mecánica de las cosas un poco mejor. Y hablo de lector, no sólo para los libros, sino también para las personas, pues estas también son libros. Las personas también pueden ser leídas, y según mi experiencia, las personas son los libros más entretenidos que he encontrado en la biblioteca de la vida. No es necesario tener un libro al frente para poder leer, podemos leerlo todo.
Las cosas pueden expresar una cosa, pero siempre están diciendo otra. Yo, por ejemplo, escribo lo que quiero decir, pero utilizo otras palabras.

6/11/07

Juventud, Cultura y Poder.


De por qué los poderosos no quieren acercar la cultura a la juventud.


No sé, todo se me fue a negro.

Está despertando, como todas las mañanas, con su ringtone de Pure Morning de Placebo (banda que legó de su último novio). Aún no ha abierto los ojos, pero ya se siente incómoda: Le duele la boca del estómago, algo de costumbre para ser sábado en la mañana, porque al ser sábado en la mañana hay un indicio de que anoche fue viernes por la noche, lo que implica muchas cosas. ¡Toc-Toc! Siente que golpean a la puerta, aún no abre los ojos y no pretende abrirlos, en parte por vergüenza a que le sientan el olor a… olor a… olor a viernes por la noche (eso engloba los olores con los que se carga un sábado por la mañana). ¡Toc-Toc!... Click. Giran la perillla, abren la puerta, no abre sus ojos, siente que la observan, no abre sus ojos… salen de la habitación, cierran la puerta, ya nadie la observa, sabe que está sola en ese cuarto caluroso y poco ventilado. Lame su paladar: Sabe feo, pero un feo ya conocido. Abre los ojos, está mirando el techo. Es un techo con espejos. El techo de su pieza es blanco. Mira a las murallas que la rodean: Frente a ella, una serie de repeticiones del rostro de Mick Jagger sonriendo y en distintos contrastes de color (Pop Art) y sobre esas imágenes un escrito que dice “I Can´t Get No Satisfaction”. Mira hacia las demás murallas y encuentra con su vista dos estantes, uno a su izquierda y el otro a su derecha, todo dentro de una habitación no más grande que el baño de una disco. El estante de su derecha está repleto de libros. El estante de su izquierda está más repleto que el anterior, pero de discos de vinilo. Se mira al techo y se ve envuelta por una sábana blanca que se fusiona con su lívida piel, haciéndola parecer una virgen, imagen que se auto-borra de inmediato de la mente. Se vuelve a mirar en los espejos del techo, y se gusta, se encuentra tal como siempre quiso que los chicos la imaginaran: Con su cabello negro desordenado, sin anteojos, pálida como nunca y con los labios muy rojos. Se gustó mucho. Está tratando de recordar la noche, pero no pudo. De hecho no recuerda si pasó algo de lo que pretendía esa noche. Al parecer, no pasó nada, porque se sentía como si no hubiera tenido sexo la noche anterior. Está excitada, un poco. Está desnuda, en una cama que no es la suya, y peor aún, no sabe de quién es. Mira a su derecha, al estante de libros, y se fija en una vela larga. Se levanta y va por la vela. Se vuelve a acostar. Está empezando a masturbarse.

¡Bang! Sonó el disparo. El baño solía ser blanco, más bien solía no estar bañado en sangre. Después volverá al baño. Se dirige a su sala de música. Enchufa el tocadiscos. Busca su favorito: El ininterrumpido de Woodstock. No lo encuentra: Está en su pieza. Se dirige a su habitación, acariciando su bigote.

Está masturbándose en una pieza extraña, con una vela que no es suya, un poco ebria aún y con un calor de los mil demonios… ¡pero rayos qué placer se siente! Está comenzando a gemir, pues su excitación ya no es tan exigua como al comienzo. Está pensando en él. ¡Click! Abren la puerta de golpe. Tiene los ojos cerrados y no pretende abrirlos, esta vez por pudor: Nunca se había mostrado desnuda mientras se frotaba sus partes frente a un desconocido. Es un hombre pálido, de nariz puntiaguda, facciones finas, esbelto, delgado, vestido de negro, con guantes de cuero negro, una Remington gris de 9 mm. en la mano izquierda y con un caminar muy particular y acelerado a través de (al parecer) su pieza. Fue directamente al estante de los discos, sacó uno del montón y se fue rápidamente de la pieza dando un portazo que silenció toda la excitación existente en esa habitación. Click. El hombre vuelve a entrar a la pieza. No te preocupes, no vi nada dijo y se fue. Con la vela en la mano (ya no en su entrepierna), ella está sintiendo pudor. Deja la vela y empieza a buscar su ropa. Se baja de la cama. Ya no está excitada. Ve bajo la cama y hay un tocadiscos y su ropa. Se pone la polera blanca estampada con tres stencils secuenciales de la Virgen María. Se pone sus pantalones negros. Quiere fumar. Busca su bolso, pero no está. Quiere fumar. Pensó en volver a masturbarse, ya que no había terminado antes, pero no se atrevió. Se sentó en la cama y es allí, y sólo allí cuando por primera vez se hace una pregunta rayana a lo filosófico ¿Dónde estoy? Nunca le había importado eso, hasta ahora. Empezó a preguntarse por quién podía ser el tipo que entró, se percató que además entró con un arma, por lo que podía ser peligroso ¿Por qué me trajo a su casa? Justo en este momento comienza a sonar muy fuerte una música que le recuerda a los hippies. Le molesta esa música. Se dirige al estante de los discos. Busca algo de Joy Division, Placebo, Morrisey, The Smiths, Garbage, Radiohead, Björk, Pulp, Blur o algo por el estilo. Pero nada. Había otro tipo de música. Títulos que le parecían fomes, con palabras como “Obertura”, “Menor bemol”, “Número”, “Orquesta”… en fin, todo indicaba que esos casi mil vinilos estaban conformados sólo por música clásica. Por último puso algo que conocía, para evitar la bulla de afuera y pasar el rato antes de salir de la habitación esperando que el hombre volviera a entrar. Toma el que dice Beethoven. Ahora se dirige al estante de los libros.


***************


Ya han pasado casi once meses. La chica recibe cada mañana una porción de alimento necesaria para todo el día y una tinaja llena de agua para su aseo personal. Ha resistido once meses. La puerta no se ha abierto más que para entrar las cosas en la mañana.


La chica ha leído más de cuatrocientos libros de casi todos los temas y ha escuchado desde la Tocata y Fuga de Bach, pasando por el Adagio de Albinoni, El Mesías de Händel, Las Cuatro estaciones de Vivaldi, todas las Sinfonías y Sonatas de Beethoven, Los Himnos de Haydn, todo lo imaginable de Mozart, y desde ahí pasando por Bizet, Schubert, Chopin, Dvorak, Liszt, Mendelssohn, Puccini, Korsakov, Rossini, Strauss (padre e hijo), Tchaikovsky, Verdi, Wagner, Orff, Debussy, de Falla y Ravel hasta Stravinski. Todo esto como producto del ocio.

El hombre pensó que ya era hora. Tomó su Remington, la cargó, se puso los guantes y se dirigió a la habitación de la chica. Antes se preocupó de poner en su tocadiscos el The Queen is Dead de The Smiths, para hacerle recordar a la chica su vida de hace once meses, esa vida feliz y tranquila.

Click, la puerta se estaba abriendo. La chica le clava una vela larga en la cuenca ocular derecha al individuo que está entrando. Se la enterró lo suficiente como para que el individuo soltara su arma. La chica cogió el arma, le apuntó a la cabeza al desconocido y con The Smiths de fondo le encajó un disparo en el ojo izquierdo. La chica toma el cuerpo inerme del tipo de negro y se dirige al primer piso. Ve una habitación abierta, muy brillante y blanca, donde se dirige con el cuerpo. Parece ser un baño, lleno de sangre por todos lados y un cadáver esquelético que debe estar hace meses en ese lugar. Deja el cadáver del tipo sobre el otro muerto.

Al fin la chica es libre, pero no pretende irse de esa casa. Ahora ella es la reina de ese templo. Se dirigió al tocadiscos, sacó a The Smiths y puso a Beethoven.

4/10/07

Trabajo en Equipo Involuntario.


No siempre estuvo ese olivo. De hecho es rara cosa ver un olivo en plena ciudad de Santiago. Me parece que el año pasado no estaba… ¡Es más! Podría decir hasta que el semestre pasado no estaba.
De hecho el olivo no siempre estuvo. En efecto, el olivo creció gracias al transantiago ¿Cómo algo tan perverso pudo engendrar un olivo? Las perennes colas para abordar una micro del tercer mundo con destino a “su hogar” contribuyeron directamente en este joroschó suceso. Los starrios y débochcas de todo tipo, cansados de esperar aquella micro mesiánica, sufrían los castigos del hambre y también del ocio. La gente tiende a satisfacer ambas necesidades de una vez: Masticando algo. De esto se percató un astuto starrio. El starrio en cuestión, querido amigo, puso a un costado de la funesta cola de espera un puestecito muy feble en el que vendía aceitunas: El precio era muy bajo, casi tan bajo como la calidad y la procedencia de las mismas. Todos los integrantes de la cola diaria, cuando les tocaba pasar a un costado del starrio compraban, aunque no quisieran, esa idealizadas aceitunas. Muchísimos querían evitar la tentación, pues sabían que en realidad el sabor, el aspecto e incluso el olor de esas semillas no era del todo persuasivo, sin embargo algo dentro de todos (me incluyo) nos llevó a comprar una y otra vez esa mísera bolsita de aceitunas robadas.
Aquí viene el hecho importante. Cuando venía la deplorable y humillante micro, las personas debían escupir rápidamente el cuesco que tenían en la boca al suelo. Suelo que, aunque nadie sabía, era un suelo muy fértil, fértil al estilo balcánico, por lo que se produjo de manera muy fácil una relación favorable entre cuescos, tierra y lluvia. Por eso, de una semana a otra nos sorprendió, a todos los usuarios del sistema, que ya no debíamos pagar por las aceitunas, pues estaban al alcance de la mano.

9/9/07

Tiempos de Q-E-K.


¿Quién no anda con algo de Violeta Parra, Tito Fernández, Los Quincheros, Los Cuatro Cuartos o, por último, Los Tres en el MP3?
Se(p)tiembre es una época mágica del año. A partir del primer día del mes, puntual como un inglés, llega el sol. Las rosas son más rojas, el cielo es más celeste, Las mujeres son más bellas y la amada expele un sonido dulce desde sus pies al caminar, que nos traslada (con una cueca de fondo) hasta el Valhala criollo.
Nos dan ganas de zapatear, de agitar un pañuelo, de gritar “mierda” (la grosería permitida en septiembre: No gritarla es un atentado en contra de la patria), de comer empanadas, de hacer asados y de volvernos flojos.
Todos esperamos los días libres. Aunque los feriados caigan sábado y domingo, inventamos feriados de gracia. Surge el deseo de llevar al paroxismo el nacionalismo. Si alguien dice “no me gusta esta cueca” que tenga por seguro que será crucificado o quemado a lo bonzo por las multitudes embriagadas con la clásica chicha de Curacaví (chicha valla y curadora).
Cuando uno habla en septiembre, pareciera que todo adquiere rima: cuando se habla con la prima, cuando se habla con el de al lado. En fin todos están encantados, todo nos sale cantado.
En los diarios incluyen fotos coleccionables de los “próceres” de la patria: O´Higgins, Rodríguez y Carrera son los preferidos. Las revistas, más dos mil nueve noventa, vienen con Compact Discs de las mejores cuecas de la historia. ¡Quién no conoce el guatón Loyola!
En fin, Chile, por única vez en el año, es chileno. Terminado septiembre, se saca la bandera de la entrada de la casa, se apagan las cuecas, se borran las zapateadas, los floreados y los escobillados del patio, se aplica el Glade Toque para evitar el olor a cebolla, se guarda la parrilla, se quita la caña y la gente vuelve a ser seria, a meter música anglo en el MP3, se olvida del patriotismo y se sumerge nuevamente en este mundo globalizado y espera el próximo feriado, no muy patrio por lo demás: Halloween.

25/8/07

El Grifo Anarco-Contemporáneo.


Su única misión era dibujar con tiza el símbolo anarquista. Lo hizo por seis meses (lo que duró el partido dentro de la legalidad). Estaba tan convencido como entusiasmado por cumplir su labor. Durante los seis meses no hizo más que plasmar el signo en todas las calles de la ciudad, por lo que cuando el partido fue prorrogado, no sabía nada más que dibujar esa desordenada A encerrada en un círculo improvisado. En realidad olvidó todo, desde cómo tomar un tenedor hasta cómo cerrar sus ojos para dormir. Para pasar el tiempo antes de su edípica muerte, pues tenía claro que moriría al no poder dormir en tanto tiempo, decidió ocuparse rayando toda la ciudad con lo único que sabía hacer. Rayó desde iglesias hasta colegios, desde panaderías hasta hospitales, desde calles hasta autos, desde postes hasta grifos. De hecho, lo último que rayó fue un grifo, sobre el cual cayó cuando le dieron ese fatídico disparo en la cabeza (no murió de sueño, murió de un disparo de un policía secreto, lo que era frecuente para evitar crear mártires). El pobre no fue el héroe de nadie, más bien casi nadie. El único que oyó su último estertor fue el amarillo grifo, que se convirtió automáticamente al anarquismo, pues cargaba con el legado: en su frente estaba la señal del anarquismo.
Como sabemos, un grifo no elige hacia donde mirar, cuando desahogarse, cuanta agua escupir, de que color ser… un grifo elige nada de nada, con excepción de sus ideas políticas y filosóficas.
¿Que por qué soy anarquista? Porque la historia me lo encargó ¡Mira mi frente! ¿No entendiste? ¡Hay que cambiar todo esto! Quizá no pueda moverme, pero quiero que esto cambie. Lo único que puedo ver es ese maldito árbol sistémico en el cochino terreno baldío que al frente tengo. ¡Esto no puede seguir así! No sé mucho del anarquismo, pero me basta con lo que sé ¡Hay que cambiar este cochino sistema!
Me dio pena el pobre grifo: Le presté un libro para que lea. Después le preguntaré si le borro o no lo que tiene en la frente.

26/7/07

Literatura de la Basura.


“Yo leo”. No es que mi signo sea Leo. Era el lema de la feria del libro del 2006. Muchos tenían la chapita adherida en el chaleco o el sticker pegado en la chaqueta. Algunos mentían: No todos ellos leían realmente.
Yo leo, me gusta leer. A muchos no les gusta leer. Sin embargo estamos obligados a leer, desde el cartel del ciego que se pasea por Providencia hasta el menú del McDonald´s, desde el recorrido del ómnibus (micro) hasta el libro para defender un debate: Estamos obligados a leer.
Otra cosa es leer Literatura. Con Literatura no me refiero sólo a las novelas, sino a la Literatura ficticia (novelas, cuentos, historias…) y la no ficticia (estudio en general).
Ambas pueden sernos interesantes desde alguna perspectiva, lo que es fácil, sobre todo cuando leemos algo de lo que nos interesa. El obstáculo viene cuando nos hacen leer Literatura obligadamente, que no necesariamente no nos agrada, sino que sólo lleva un peso extra: El de que de una u otra forma nos tiene que gustar.
Este año escolar, en cuanto a Literatura, iba bien. Mientras por la mía leía a Cortázar, Shakespeare, Huidobro y T. S. Eliot, en el Liceo me hacían leer a Donoso, M. L. Bombal y Hobsbawm. Mi amor a la Literatura estaba In Crecendo… hasta que fui a pedir el libro que seguía en la lista: “Eloy” de Carlos Droguett.
Un libro flaco, que en la contraportada decía que marcaba un antes y un después en la narrativa chilena con la introducción del estilo indirecto libre. Algo tan relevante, razoné, debe ser bueno. Tras revisar el libro, lo único que veía eran ladrillos y ladrillos (en el lenguaje técnico, un ladrillo es una página llena de texto, con escasas separaciones y sin divisiones por capítulo o puntos aparte), de hecho el libro no tiene capítulos: Va de punta a cabo con un estilo difícil y sin tratar de amortiguar toda esa pesada estética. Provocan que la percepción que se crea sea, por lo menos de tedio.
Tras leer ese librito, que de un momento a otro se convirtió en un libraco, odié la Literatura. No quería leer nada, despreciaba a mi inocua biblioteca. El aborrecimiento a las letras me duró varias docenas de horas. Decidí que tal odio se me debía pasar de la misma forma que me llegó: leyendo. Tomé el primer libro que vi en mi biblioteca y me lo puse a leer. Era un librotote azul, con un formato similar a los libracos de Dan Brown y parece que se cumplió una relación de forma y fondo entre lo que leía y lo de Dan Brown: Ambas obras eran Literatura Chatarra o Desechable. El librotote azul era de Fuguet. “Primera Parte” de Alberto Fuguet. Sí, es un libro que entretiene… y lo hace, desde una óptica bien Pop, bien urbana, bien noventera, bien desechable, bien Light. ¡Eso! Lo de Fuguet es Literatura Light, lo de Dan Brown es Chatarra. Fuguet escribe a partir de la cotidianeidad, que se burla sarcásticamente y trata de bajarse el perfil, digo trata porque no le resulta (siempre citando a sus amigos famosos y recordando una anécdota que le sucedió en alguna ciudad gringa).
En fin, me habían advertido que lo de Fuguet era literatura desechable. Lo comprobé. Menos mal que lo comprobé dentro de una depresión literaria, porque Fuguet me hizo valorar que cada escritor escribe según su contexto: Homero (no el gran Homero Simpson) nos mostró la concepción teológica de los griegos; Tolstoi describió de maravillas la sociedad rusa zarista; Fuguet refleja fielmente la sociedad contemporánea: con tanta información a su disposición, se ve turbada a la hora de escribir y se decide por mostrar la subjetividad del autor, proyectada a alcanzar una mirada colectiva. Me explico: el autor, a través de recuerdos propios de una generación o de actitudes, lugares, personajes, modismos, o cultura en general que sean relevantes para la memoria colectiva de un grupo, busca contarnos una historia.
Sin embargo seguía desencantado con la Literatura. Sí, había botado a Fuguet y le había hecho una cruz a Droguett, e inconscientemente a toda la literatura chilena. Pero me faltaba un click para volver a amar. Hernán Rivera Letelier lo logró, en parte. Pero la verdadera Celestina entre la Literatura y yo no fue un libro, sino una película, que se me había olvidado que existía: “La Sociedad de los Poetas Muertos”. Gracias a esa película pude devorarme “El Desalojo” de Allamand, “¿Para qué sirven las ARTES?” de John Carey y “S.M.D.L.F.N.” de H. R. L. Al final, yo igual escribo habitualmente textos dignos de ser calificados como Basura o Light o Desechables, si al final la basura no es tan mala: Puede reciclarse.

13/7/07

Coca-Cola (Coke).


Siempre ha estado ahí. Es como el espejo del baño: Nadie sabe quién lo trajo, ni cuándo lo trajeron, el punto es que está ahí, intacto, viendo pasar nuestros días, todos y cada uno de ellos, indicándonos qué hay para hoy, recordándonos que el tiempo pasa, aunque no lo parezca. Una función similar es la que cumple Coca-Cola. Al igual que el espejo, nos recuerda qué tenemos que hacer: Tomar Coca-Cola.
Coca-Cola nos mira en cada lugar, siempre está ahí. Cuando esperamos la micro; cuando vamos en el metro; cuando estamos esperando que el Boomerang nos deje caer; cuando escuchamos la radio FM y AM; cuando vamos a hacer un ensayo para la PSU; cuando compramos una Pepsi; siempre hay una Coca-Cola que nos mira y nos dice qué tenemos que hacer: Tomar Coca-Cola.
Parejas felices, niños sonrientes, abuelos que recuerdan sus años mozos, mamás que quieren a sus hijos, familias perfectas (mamá, papá, hijo, hija, perrito), chicos cool, chicas fashion, superestrellas del rock, astros del balón… todos ellos disfrutan de una negra, fría, suave, refrescante, sabrosa y reconfortante Coca-Cola.
Si incluso, ha pasado a formar parte de nuestra cultura urbana. No lo notamos, porque está tan enraizada que es tan obvia su presencia como que todos sabemos quién es Elvis Presley o Bart Simpson. ¿Quién no ha tomado Coca-Cola con café o Coca-Cola caliente para derrotar el sueño? Si incluso, en sus comienzos la Coca-Cola era un símil de la Aspirina.
El punto es que la Coca-Cola siempre está ahí, haciendo de todo, obligándonos. Su publicidad siempre es la más llamativa, siempre la más convincente, siempre con el jinggle más pegajoso, siempre con la promoción con más arrastre, siempre con un envase más económico y con una modalidad distinta.
La Coca-Cola se ha vuelto una verdadera necesidad básica, para todos los estratos sociales. No es necesaria para el hombre, pero al menos eso es lo que la publicidad dice, y eso es lo que vale.
Todo el mundo toma Coca-Cola: Orientales y Occidentales, Negros y Blancos, Comunistas y Capitalistas, Pobres y Ricos, Hombres y Mujeres, Niños y Ancianos. Dejar de tomar Coca-Cola es difícil, y más difícil aún cuando todos los que te rodean ya están inmersos en la vorágine del consumismo.
Ya he intentado tres veces de dejar la Coca-Cola, a pesar de que no soy un ferviente consumidor (no he tomado más de un litro a la semana, considerando que la estadística es de medio litro diario por persona).
Voy a dejar de tomar Coca-Cola, aunque todo el día esa roja imagen me diga que voy a ser un perdedor, un fracasado, un infeliz, un apartado social, un extraño, un sucker, un aburrido, un desgraciado, un idiota y un tarado. No sé porqué voy a dejar de tomar, quizás de puro ocioso, quizás de anti-sistémico, quizás de aburrido, aburrido ante la monotonía del color negro, quizás de puro iconoclasta. Si debe ser de puro iconoclasta.
Y cuando vaya a un local de comida rápida, pida un combo 3 y la señorita atendedora me haga la obligada pregunta "¿Coca-Cola las bebidas?", le voy a poder responder "No, Sprite".
No es un gran cambio, pero es un cambio.



Photo by Vale.

15/6/07

No Hay Verdades, Sólo Argumentos Convincentes.




“Quien controla el pasado controla el futuro: Quien controla el presente controla el pasado” (“1984”, George Orwell).

La “Verdad” es un elemento muy utilizado en política, sobre todo cuando de sacar la Historia se trata. Quién maneja la Verdad Histórica, es muy difícil de definir, no así quién controla la Verdad Política.
La Verdad Histórica es aquello que se remite particularmente al suceso mismo que ocurrió en el pasado, su descripción lo más rayana a la inexistencia de sesgo y limitándose, en lo plausible, a lo meramente objetivo.
Lo otro es la Verdad Política, la verdad que conviene que se sepa, pensando siempre de manera proselítica. Aquel(los) que tiene(n) el poder pueden incluso manejar el pasado, teniendo a su favor: el intervencionismo intelectual (Censura), el paso del tiempo (que provoca el olvido) y en muchos casos la fuerza física (Coerción).
Todo ese poder deriva que, según las necesidades políticas, se maneje la historia ya sea mintiendo o ya sea ocultando parte de la verdad.
En los regímenes totalitarios, evidenciamos de manera clara cómo se llevan al paroxismo valores necesarios para echar a andar el sistema y que no son muchas veces coincidentes con los que se proclamaban hasta entonces; como se culpa de sobremanera todo aquello que atente en contra de la palabra absoluta del sistema; como se manejan hechos y acontecimientos sucedidos, para exaltar otros que son necesarios que sucedan; como se baja el perfil a aquellos actos que en un momento fueron apoyados por el oficialismo y que luego, al atentar contra él, fueron considerados traiciones; como se destruyen aquellos principios que, en un comienzo, fueron la clave para llegar al poder, y de acuerdo a la situación política tuvieron que ser desechados o modificados; como se adora y después condena a ciertos personajes importantes en el desarrollo del sistema, que fueron víctimas del sistema tan sólo por su consecuencia política…
La Verdad Política, es aquella verdad que conviene que se sepa, según las necesidades políticas imperantes. Es una Verdad o Historia (entrelazando ambos conceptos) que puede ser considerada como “moldeable”, ya que su concepción reside en gran parte en quien la utiliza.
Para llegar al poder, es como en la guerra y el amor, todo se vale. Si bien no debería ser así, políticamente está esto admitido, pues nadie está en la posición de acusar al otro, básicamente porque “todos lo hacen”. El populismo, y más aún la Mentira, son elementos comunes en las carreras por el poder. Se promete algo que se sabe no podrá ser cumplido, o se prometen cosas que luego pierden su prioridad, pues como sabemos “otra cosa es con guitarra”. El poder cambia a las personas, no al revés… las promesas o ideales cambian por que las personas cambian… en definitiva, el poder cambia los ideales, pero el poder siempre permanece intacto.

”Si ella misma hubiera concebido un cuadro del futuro, sería el de una sociedad de animales liberados del hambre y del látigo, todos iguales, cada uno trabajando de acuerdo con su capacidad, el fuerte protegiendo al débil (…) En su lugar (…) habían llegado a un estado tal en el que nadie se atrevía a decir lo que pensaba, en el que perros feroces y gruñones merodeaban por doquier y donde uno tenía que ver cómo sus camaradas eran despedazados después de confesarse autores de crímenes horribles. No había intención de rebeldía o desobediencia en su mente” (“Animal Farm”, George Orwell)

Sin embargo, “El Peso de la Noche” puede más y cuando están acalladas las voces, todo vuelve al orden, al desorden, acostumbrado.

21/5/07

"Globalización: La Asquerosa Maldición"... por Francisco Burdiles.


Francisco Burdiles. Dirigente del Liceo lastarria, miembro del equipo de debate del mismo, un tercio del total de humanistas de la generación 2007, ícono alternativo, experto en historia y mi amigo personal.

Le dice no a la Violencia y sí a la Diversidad.

Siempre estará con un libro en la mano, no leyéndolo, sino que sólo aparentando leerlo para parecer humanista… Y de hecho lo es: integra el Movimiento y el Partido Humanista de Chile.

Este amante de Björk y de Pedro Lemebel, debido a su talento para detestar los números y las ciencias, y su facilidad para las letras, viene a mostrarnos su concepción acerca del macrosistema que nos maquina hoy por hoy, y destellos de cómo se debería aplicar un sistema económico acorde a lo proclamado por la política mundial y no tan contradictoria como lo es de hecho:

“El mundo conoce una nueva era de conquista similar a las de los descubrimientos y la colonización. Pero, mientras los actores principales de las anteriores expansiones eran los Estados, esta vez son las empresas y los grupos industriales y financieros privados los que se proponen dominar el mundo” (Ignacio Ramonet).

Actualmente la globalización en vez de conquistar países, conquista mercados, riquezas. En este nuevo paisaje político-económico, el financista se impone al empresario, lo global a lo nacional y los mercados al Estado.

El gran problema de este proceso de globalización es que beneficia a unos pocos países y a unos pocos sectores en cada país, perjudicando a los países mas pobres y marginalizando aun más a la mayoría de la población mundial.

En el plano cultural, por ejemplo, defiendo la diversidad de culturas y la mezcla de ellas, pero lo que hace la globalización es el aplastamiento de una cultura sobre otras, el pensamiento único que intenta imponer esta globalización, que todo lo considera como una simple mercancía.

La globalización genera que la ciencia económica valore más le eficacia que la equidad. La empresa privada será la única que tendrá la capacidad y la potestad de distribuir según sus parámetros. La empresa deja de tener fronteras ni reglamentación.

La globalización constituye una inmensa ruptura económica, política y cultural. Somete a los ciudadanos a un estereotipo único, al cual hay que adaptarse por obligación, o sino quedas fuera de este sistema MUNDIAL. El objetivo final de la globalización será construir un hombre “global”, vaciado de cultura, de identidad, de sentimientos de conciencia al otro. E imponer la ideología neoliberal a todo el planeta.

Pienso que este sistema se ha mantenido tan sólo por el poder económico que tienen sus representantes, jugando perversamente con el hecho de que en nuestras sociedades mediáticas la repetición equivale a la demostración y estos magnates globalizadores manejan todos los medios de comunicación.

Lo más grave de esta globalización es que condena por adelantado, cualquier veleidad de resistencia o de simple disidencia. Así, se cubre de ignominia o se califica de arcaica cualquier búsqueda de alternativa, de regulación democrática, de crítica al mercado.

Hoy en día la economía prevalece ante la política, pues los políticos están bajo el control de los financieros. El mercado gobierna. Los estados no tienen ya instrumentos para oponerse a los mercados. Este sistema globalizado nos hace creer que estamos en una democracia -¡Pero que incompatibilidad más grande!, no existe lógica alguna entre democracia y mercado globalizado- siendo que estamos en un totalitarismo, el totalitarismo del mercado. Ya conocimos el totalitarismo fascista, hitleriano y stalinista, pero no nos hemos dado cuenta que estamos en el totalitarismo de los regímenes globalitarios.

Yo creo en el derecho a la paz, derecho a una naturaleza preservada, derecho a la ciudad, derecho al desarrollo de los pueblos, pero por sobre todo creo en el derecho a la LIBERTAD, una libertad plena, sin intromisiones del mercado mediante las asquerosa publicidad. Quiero fundar una nueva economía, mas solidaria, mas igualitaria, basada en el principio del desarrollo sostenible y colocando al ser humano en el centro de las preocupaciones. Y si me dicen que soy "utópico", yo les recuerdo de que a Adam Smith también lo llamaron "utópico" y que es más idealista pensar que todos los problemas de la vida del ser humano se arreglaran con el sistema liberal y la gran globalización.


19/5/07

¡Selección Excluyente, no discriminación!


Lo primero es un simple eufemismo para lo segundo.
Discriminación siempre va a haber: discriminamos al comprar una Coca-Cola y no una Pepsi, al tomar el Metro y no el Transantiago, al sentarse a leer y no sentarse a ver una película, al caminar hacia nuestra izquierda y no hacia la derecha… en fin, a cada momento estamos discriminando.
¿Entonces que alegaban los negros? Ellos no alegaban en contra de este tipo de discriminaciones, sino que lo hacían frente a otra concepción que se deriva de la misma discriminación: Aquella que consiste en dar un trato de inferioridad a una persona o colectividad debido a sus características raciales, religiosas, ideológicas, políticas, etcétera.
La verdad, es que lo que acabo de escribir es una excusa para poder subir una foto que contiene todo el estilo Mágnum de uno de sus más grandes fundadores: Elliott Erwitt.

Para cerrar, un fragmento del discurso “I have a dream” (Tengo un sueño) de Martin Luther King:

Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño "americano".
Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: "Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales".
Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad.
Sueño que un día, incluso el estado de Misisipí, un estado que se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad y justicia.
Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad.
¡Hoy tengo un sueño!
Sueño que un día, el estado de Alabama cuyo gobernador escupe frases de interposición entre las razas y anulación de los negros, se convierta en un sitio donde los niños y niñas negras, puedan unir sus manos con las de los niños y niñas blancas y caminar unidos, como hermanos y hermanas.
¡Hoy tengo un sueño!
Sueño que algún día los valles serán cumbres, y las colinas y montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano

8/5/07

Acalladas las Voces Femeninas (Claramente siglo XX, no XXI).


A partir de María Luisa Bombal se produce un quiebre (literario) en la forma de ver a la mujer. No significa que desde este momento adquieran su silenciada “voz”, sino que simplemente se toma consciencia de su silencio. De cierto modo, si se quiere “Gatopardesco”, cambió toda una perspectiva y temáticas literarias, pero socialmente la problemática femenina siguió estable.
Ahora bien, planteado el punto de la preconización del silencio femenino, es plausible describir la forma en la que, metafóricamente, es esta temática presentada por María Luisa Bombal en su novela “La Amortajada”.
Básicamente del título de la obra, en relación con el argumento, se pueden extractar ciertas ideas simbólicas que hacen referencia al coartado espacio socio-cultural en el que la mujer (género femenino) podía desenvolverse.
Una mortaja es un vestido con el cual se envuelve el cadáver para el sepulcro (como el interminable tejido con que Amaranta Buendía sellaba su destino, en una obra de Márquez a la que le debo un texto en solitario). La amortajada (mujer que viste una mortaja) es un símbolo de la incapacidad femenina de actuar con libertad. La mujer estaba realmente “muerta” en esa sociedad. La mujer estaba cohibida por esa sociedad, la que le otorga un radio de acción muy acotado (en ámbitos públicos, políticos, laborales, culturales, consuetudinarios…).
El proceso de muerte en que se encuentra esta amortajada, representa la incapacidad que tiene de moverse. Empero, la muerte en sí se muestra como una liberación de toda esta inhibición machista.
Sin embargo, María Luisa Bombal deja entrever que la mujer siempre estuvo capacitada para sacudir el yugo cultural que la oprimía:


“En la oscuridad de la cripta tuvo la impresión de que podía al fin moverse. Y hubiera podido, en efecto, empujar la tapa del ataúd, levantarse y volver derecha y fría, por los caminos, hasta el umbral de su casa”.
(La Amortajada).

6/5/07

Alego Demencia.



Alego Demencia. Cómo seguir así, “cuerdo”, en una sociedad tan loca como la mía. Si incluso te vuelven loco, aunque no lo estés. “Estás Loco”, me dicen mis locos coetáneos y coliceanos. “Ustedes están Locos” me respondo. De todos modos prefiero que me digan demente.
Cómo estarán de locos, que me llegan a creer loco, ¡A mí! Y yo que trataba de presentar la cordura en este loco mundo, donde todos se miden con estándares de éxito/fracaso, ganador/perdedor, bueno/malo, talentoso/mediocre, flaite/perno… sin darse cuenta de que hay cosas mucho más entretenidas y gustosas como, por ejemplo, reírse. ¡Si hasta por reírse uno está loco! (bueno, reírse cuando nadie más lo hace). ¿Es acaso eso estar loco? ¿Por escribir tonterías, decir realidades, atreverse a cosas que los demás no, burlarse del mundo a través de las letras, hablar solo, reírse de lo serio, darte lo mismo el mañana (Laissez Faire), usar palabras raras, amar las letras, buscar una chica perna-humanista-no-core, leer poesía en los recreos, usar lentes aunque vea mejor que un águila, pronunciar las palabras debidamente, distorsionar las situaciones, ejemplificar todo con los Simpsons y Futurama, gritarle “este otro” a la profe de matemática, comentar los libros desde una perspectiva supraintelectual y buscar anagramas en los nombres de la genteacaso uno está demente?
Si la anterior pregunta la respondes con un “sí”, pues alego demencia. Pero dejo en claro que no estoy loco per se, sino que soy un demente inducido, inducido en parte por ustedes que me han vuelto loco, y en otra parte el “creador” (¿?) que así me hizo.
¿Cómo me di cuenta de que debía alegar demencia? Gracias al público (“el marikuein”), que me incita esta locura temporalmente crónica: Retornan a mi mente aquella imagen que me hizo pensar mucho en mi poder de convencimiento, pero que luego olvidé: Una de las negaciones de Magritte, que me presentó la Cultura de La Tercera el año pasado: “Esto no es una pipa”. ¡Cómo se atreve a decir que esa Pipa no es una Pipa! Quizá Magritte también estaba loco, dentro de este mundo de cuerdos, o estaba más cuerdo que todos esos cuerdos locos. Quizá lo enloquecieron todos los locos que se hacían llamar cuerdos. Quizá el cuerdo de Magritte me hizo enloquecer a propósito.
De lo que sí puedo estar seguro (y orgulloso) es de mi demencia. Pues, al no ser tan grave, me es plausible controlarla a mi antojo: Cuando converso con alguien cuerdo, utilizo el aceptado lenguaje informal y culto, hablamos de la vida, del Transantiago, de qué quiero estudiar, de fútbol, de “minas ricas”, de matemática y política, de los debates y de economía, del liceo, las pruebas, del CALL, los flaites, y de cómo se pronuncia mi apellido, sin insinuar mayores sonrisas de mi parte para “no perder la compostura” del tema tratado. En cambio, cuando me enfrento a dementes temporalmente crónicos como mi ego, de buena gana hablamos de arte, historia, literatura, filosofía, música, películas, poesía, teatro, consumismo, sociedad, los Simpsons, Futurama, del Principito y de los locos que nos juzgan dementes.
Lamentablemente, los dementes somos los menos.
Gracias al sino, en el liceo hay un puñado de ellos, en el preu hay un par y en mi casa hay uno, además del que está en todos los espejos en los que me miro.
Por todo eso prefiero, en este mundo de locos, seguirles el hilo de que ellos están cuerdos y de que yo, que me ocupo de las sandeces de la vida, estoy sumergido en un muladar de demencia del que ya no pude salir.

Post Scriptum: ; ) No saben que es solo una máscara y que cuando me haga el cuerdo, seguiré estando tan loco como ellos.

Post Post Scriptum: Mejor no sigo escribiendo, porque me puede pillar el león.

5/5/07

Extracto de "La Selección Innatural de las Especies".


Respecto del reciente proyecto de ley sobre una Ley General de Educación, hago referencia a un artículo específico (artículo 11), que trata acerca de el fin de la selección en los colegios y liceos estatales y subvencionados:


"(...) La no discriminación, que tanto pregona la concertación, es un absurdo con una Educación como la nuestra, llena de desigualdades y con arreglos sobre la marcha, para establecer un sistema sin disparidades de oportunidad. Cuando tengamos un (Liceo) Lastarria en cada comuna ¡Venga la desaparición de la selección!, pero antes no nos preocupemos de priorizar la igualdad por sobre los escasos ejemplos de enseñanza que van quedando: Los liceos emblemáticos (...) No apliquemos consecuencias antes de que las causas de éstas se hayan efectuado (...) Es fácil nivelar hacia abajo, coartando las formas educacionales de quienes van más arriba para que se nivelen con los que se quedaron en el fondo. Pero es mucho más lógico intentar, sin chaquetear a los que van mejor, nivelar hacia arriba, o sea que los de abajo mejoren tomando como paradigma a aquellas instituciones que logran resultados destacados (...)".

1/5/07

Extracto del Manifiesto Consumista.



Un Fantasma recorre el mundo: El Fantasma del Consumismo. El Fantasma formó su imperio hace poco tiempo, sin que nos diéramos cuenta alguna. El Imperio es gobernado por una Dictadora, la cual a su antojo nos obliga a hacer lo que quiera: La Publicidad. La herramienta más importante con la que cuenta la Dictadora es el sistema económico del Imperio: El Capitalismo.
La Sociedad tiene sólo un camino hacia la felicidad: El Consumo excesivo de bienes y servicios. ¿Y cómo logra el Imperio que consumamos excesivamente? Mediante la coacción de la Dictadora, que nos crea necesidades falsas, las cuales debemos satisfacer, y para satisfacerlas debemos contar con capital, el lazo con que se mantiene dentro del Imperio a los individuos. El capital lo conseguimos haciendo trabajos, que en muchos de los casos no son los que quisimos hacer durante toda nuestra vida, sino los más apropiados dentro del Imperio, aquellos que nos otorgan una mayor cantidad de divisa. En conclusión, “Hacemos trabajos que no nos agradan, para comprar cosas que no necesitamos”…
La Dictadora tiene un solo fin: Realizar un marketing efectivo, o sea lograr que la gente compre cosas que no necesita, con dinero que no tiene, para complacer a personas que no quiere (...)
(...) Consume las cosas que realmente necesites, no por la marca, sino que por su grado de satisfacción.
(...) No actúes con Violencia, sino que con Paciencia. La violencia es la mejor oportunidad para el Imperio para manejar la información a su antojo.
(...) No sigas a la masa y sus gustos… En esta Generación es mucho más fácil ser distinto, porque todos son iguales, todos están dormidos, dormidos por el Imperio. ¡Despierta!
NO COMPRES… CONVERSA, LEE, ESCRIBE, CREA, ESCUCHA, OBSERVA, RÍE, SALTA, GRITA, CORRE… PIENSA.

20/12/06

Más que "Monitos".

Los Simpsons, si bien encajan plenamente dentro de la categoría de dibujos animados, está claro que se encuentra muy por encima de cualquier Tommy y Jerry, Pedro Picapiedra o Pokemón. Entonces, ¿Qué es lo que hace distinto a Homero y su familia?

Ésta interrogante puede ser fácilmente resuelta poniendo en la mesa la capacidad de renovación que han tenido a través del tiempo que los ha hecho pervivir durante casi 17 años y estando a punto de estrenar una película, una capacidad que no han tenido animaciones coetáneas a los de Matt Groening. Los amarillos personajes han estado presentes en la historia (norteamericana) durante el período en que han estado al aire, jugando con la contingencia como cual gato con su madeja de lana. Invitados desde Hollywood hasta la Casablanca han llegado a Springfield, además de ese humor sarcástico-irónico que cautiva a personas de toda edad, tienen como resultante una sintonía que hace temblar a todos los grandes programas internacionales.

Otro importante factor, como ya mencionaba, es el del uso de un lenguaje sardónico, sarcástico e irónico, que llega a niños y adolescentes, para encubrir una inmensa cohorte de crítica social que se ve solapada por todas las risas. La infidelidad, el divorcio, la obesidad infantil, la muerte de un familiar, la herejía, el engaño, el robo, los traumas, la avaricia, el derroche, la existencia de dios, la veracidad de la Biblia, el uso de Internet, las malas relaciones familiares y la violencia, son temas realmente recurrentes para los habitantes de Springfield, que sin embargo se ven aplacados por la forma realmente graciosa con la que se presentan.

Podemos además mencionar la universalidad del humor de los Simpsons, ya que si bien gran parte de los chistes son referentes al orbe norteamericano, existe una enorme cantidad de recursos que hacen referencia a la actualidad e incluso a la historia de los habitantes del resto de mundo. Los conflictos norteamericanos con otros países son un objetivo recurrente para los dardos de Groening. Podemos así también notar una fuete carga política en esta serie, que se ilustra mucho mejor si consideramos que cuando era presidente Bill Clinton, los dardos eran mucho menos ácidos que cuando el presidente George Bush asumió, pudiendo notarse así una inclinación clara hacia el partido Demócrata en comparación con el Republicano. Otro antecedente de lo anterior es la pelea que tuvo Homero con George Bush padre.

Es posible agregar más factores a la ofuscadora genialidad de los Simpsons, pero no considero aquello necesario, puesto que una serie tan completa como esta no necesita que se corroboren los por qué de su éxito, ya que su inexplicable maestría lo explica por sí misma. Y para terminar al estilo de Homero Simpson: “Que se muera el estúpido Flanders”.