5/8/07

Ser Nadie y No Ser Alguien.


“Tú no eres nadie” le decían. Estaban equivocados, en la forma, pero no en el fondo: El sí era nadie. Era un nadie. No tenía rostro ni nombre para los demás. Su apellido era común y su personalidad tímida. No tenía talentos reconocidos ni gustos populares. No tenía amigos ni leía libros. No buscaba gloria, sólo encontraba indiferencia. Seguía las normas de cordura, como todos. No estaba dispuesto a nada. Si faltaba algún día, nadie lo notaba. Su rostro era tan común como su nombre, por lo que era muy difícil asociar uno con otro. No tenía sueños, porque no tenía modelos a seguir, y no tenía modelos porque… porque… bueno, porque era un nadie: Los nadies son nadies porque no tienen inspiraciones, no porque no quieran tenerlas, sino porque el mundo se niega a mostrárselas. En fin, no tenía rostro, era sólo cabello y zapatos.
Una lluviosa tarde, camino a su casa, este nadie se encontró con un grupo de compañeros de clase. “Oye, ven, ven a ver esto”, le gritó uno de ellos desde un callejón iluminado por una vela y nada más. El nadie pensó en no ir, pero el agua que caía le molestaba tanto, que decidió evitarla por un momento bajo el techo en que estaban sus compañeros. ¿Qué le querían mostrar? Uno de sus compañeros estaba sentado frente a un cajón, sobre el cual se encontraba una hilera de pelotitas de papel. Nuestro nadie se puso frente al cajón y preguntó “¿Qué hay?”. Cuando preguntaba las pelotitas, una por una le bofetearon el rostro, pero nadie las lanzaba, simplemente se dirigían a su cara. Todos reían, menos él. Humillado, agarró del cuello al joven que estaba sentado frente a las pelotitas. “¿¡Cómo lo hiciste!?” le gritó con rabia. “Telekinesis”. El nadie se fue corriendo. Corriendo y pensando. Telekinesis, telekinesis, telekinesis, telekinesis…
Fue a la biblioteca de su padre, una inmensa biblioteca de más de cuarenta mil ejemplares. Encontró tres libros: “¿Qué es la telekinesis?”, “Todos podemos hacer telekinesis” e “Introducción a la telekinesis”. Leyó como nunca en su vida. No fue a su colegio por cuatro días, pues se quedó leyendo, aunque de todos modos nadie notó que había faltado.
Aprendió a mover lápices pequeños, sólo con la mirada, imaginándose sólo una mano externa a él que lo movía. Pero, por primera vez, nuestro nadie tuvo una ambición, quería mover algo más grande. Y pensó en imaginarse una mano más grande, pero no funcionó. Así que optó por imaginar a un joven, alguien de su edad, con características similares a las suyas, pero con un nombre y un rostro que no pasen desapercibidos, con una personalidad avasalladora, alguien dispuesto a todo, alguien que sea un Alguien. Lo imaginó y lo hizo que tomara el lápiz. Lo tomó, pero luego salió corriendo con él. El nadie fue tras el alguien imaginario. Por toda la casa, hasta que reaccionó que esto era sólo su creación, un medio para mover cosas con su mente, por lo que decidió desconcentrarse. No sirvió, el alguien todavía estaba allí, con el lápiz en su mano. Estaban frente a frente. Si alguien hubiera estado allí, sólo hubiera visto al nadie frente a un lápiz que flota. Pero nadie lo vio.
Tres semanas después, ya había creado seis individuos imaginarios. Dos eran mujeres. Uno era un niño. Uno era un anciano. Podía mover muchas cosas a la vez, pues se había hecho amigo de sus creaciones, y estos le obedecían, en parte por pena hacia este nadie, en parte por miedo frente a su creador.
No había mostrado sus poderes en público, de hecho no había salido de su casa en semanas. Pensaba en hacer levitar a la gente, o a sí mismo para impresionar a las personas y dejar de ser un nadie. Sin embargo, uno de los imaginarios convenció a los demás para matar a su creador. Una noche de lluvia, mientras el nadie dormía feliz, pues al otro día dejaría de ser un nadie, fue la noche que los imaginarios decidieron cometer su rebelión. Fue algo simple, lo asfixiaron con un cojín. Seis días después, cuando su madre sintió un olor nauseabundo desde la habitación de su hijo, decidió echar abajo la puerta y descubrir que su hijo estaba muerto. En parte por cobardía, en parte por soledad, la madre se fue a suicidar tirándose al puente donde su esposo también se había suicidado hace unos años atrás.
Los imaginarios, en parte por compasión, en parte por asco, decidieron arrojar al nadie desde el mismo puente fatídico en que toda su familia se había arrojado.
Cuando encontraron los cuerpos, no tenían identificación, ni nadie que los reconociera: Para efectos legales, eran un par de N.N., que no tienen nombre. Nadie los mató, se suicidaron. Eran hijos de nadie y de ninguno. Nadie los lamentó, ninguno los lloró. Los imaginarios desaparecieron, tal como su creador: Desaparecieron como si nunca hubieran existido.

26/7/07

Literatura de la Basura.


“Yo leo”. No es que mi signo sea Leo. Era el lema de la feria del libro del 2006. Muchos tenían la chapita adherida en el chaleco o el sticker pegado en la chaqueta. Algunos mentían: No todos ellos leían realmente.
Yo leo, me gusta leer. A muchos no les gusta leer. Sin embargo estamos obligados a leer, desde el cartel del ciego que se pasea por Providencia hasta el menú del McDonald´s, desde el recorrido del ómnibus (micro) hasta el libro para defender un debate: Estamos obligados a leer.
Otra cosa es leer Literatura. Con Literatura no me refiero sólo a las novelas, sino a la Literatura ficticia (novelas, cuentos, historias…) y la no ficticia (estudio en general).
Ambas pueden sernos interesantes desde alguna perspectiva, lo que es fácil, sobre todo cuando leemos algo de lo que nos interesa. El obstáculo viene cuando nos hacen leer Literatura obligadamente, que no necesariamente no nos agrada, sino que sólo lleva un peso extra: El de que de una u otra forma nos tiene que gustar.
Este año escolar, en cuanto a Literatura, iba bien. Mientras por la mía leía a Cortázar, Shakespeare, Huidobro y T. S. Eliot, en el Liceo me hacían leer a Donoso, M. L. Bombal y Hobsbawm. Mi amor a la Literatura estaba In Crecendo… hasta que fui a pedir el libro que seguía en la lista: “Eloy” de Carlos Droguett.
Un libro flaco, que en la contraportada decía que marcaba un antes y un después en la narrativa chilena con la introducción del estilo indirecto libre. Algo tan relevante, razoné, debe ser bueno. Tras revisar el libro, lo único que veía eran ladrillos y ladrillos (en el lenguaje técnico, un ladrillo es una página llena de texto, con escasas separaciones y sin divisiones por capítulo o puntos aparte), de hecho el libro no tiene capítulos: Va de punta a cabo con un estilo difícil y sin tratar de amortiguar toda esa pesada estética. Provocan que la percepción que se crea sea, por lo menos de tedio.
Tras leer ese librito, que de un momento a otro se convirtió en un libraco, odié la Literatura. No quería leer nada, despreciaba a mi inocua biblioteca. El aborrecimiento a las letras me duró varias docenas de horas. Decidí que tal odio se me debía pasar de la misma forma que me llegó: leyendo. Tomé el primer libro que vi en mi biblioteca y me lo puse a leer. Era un librotote azul, con un formato similar a los libracos de Dan Brown y parece que se cumplió una relación de forma y fondo entre lo que leía y lo de Dan Brown: Ambas obras eran Literatura Chatarra o Desechable. El librotote azul era de Fuguet. “Primera Parte” de Alberto Fuguet. Sí, es un libro que entretiene… y lo hace, desde una óptica bien Pop, bien urbana, bien noventera, bien desechable, bien Light. ¡Eso! Lo de Fuguet es Literatura Light, lo de Dan Brown es Chatarra. Fuguet escribe a partir de la cotidianeidad, que se burla sarcásticamente y trata de bajarse el perfil, digo trata porque no le resulta (siempre citando a sus amigos famosos y recordando una anécdota que le sucedió en alguna ciudad gringa).
En fin, me habían advertido que lo de Fuguet era literatura desechable. Lo comprobé. Menos mal que lo comprobé dentro de una depresión literaria, porque Fuguet me hizo valorar que cada escritor escribe según su contexto: Homero (no el gran Homero Simpson) nos mostró la concepción teológica de los griegos; Tolstoi describió de maravillas la sociedad rusa zarista; Fuguet refleja fielmente la sociedad contemporánea: con tanta información a su disposición, se ve turbada a la hora de escribir y se decide por mostrar la subjetividad del autor, proyectada a alcanzar una mirada colectiva. Me explico: el autor, a través de recuerdos propios de una generación o de actitudes, lugares, personajes, modismos, o cultura en general que sean relevantes para la memoria colectiva de un grupo, busca contarnos una historia.
Sin embargo seguía desencantado con la Literatura. Sí, había botado a Fuguet y le había hecho una cruz a Droguett, e inconscientemente a toda la literatura chilena. Pero me faltaba un click para volver a amar. Hernán Rivera Letelier lo logró, en parte. Pero la verdadera Celestina entre la Literatura y yo no fue un libro, sino una película, que se me había olvidado que existía: “La Sociedad de los Poetas Muertos”. Gracias a esa película pude devorarme “El Desalojo” de Allamand, “¿Para qué sirven las ARTES?” de John Carey y “S.M.D.L.F.N.” de H. R. L. Al final, yo igual escribo habitualmente textos dignos de ser calificados como Basura o Light o Desechables, si al final la basura no es tan mala: Puede reciclarse.

24/7/07

Green Grass and Blue Sky.


No sabía si escribir sobre el pasto verde o sobre el cielo azul. Los dos epítetos más recurrentes en la poca imaginativa lírica. Tuve que empezar a contrapesar y a discernir. Si bien ambos conceptos suenan redundantes (y de hecho lo son), la función que cumplen, aparte de embellecer un texto, es la de representarnos algo más profundo.
El pasto verde, nos muestra la realidad concreta y terrenal, fuera de idealismos nos hace mirar a nuestro entorno, recordar que no es tan malo y dejar así, en parte, de pensar en nuestras utopías, que a su vez son representadas por el cielo azul. El cielo azul, nos muestra un mundo deseado y anhelado, allá arriba, fuera de nuestro alcance, más allá de nuestros límites. Estamos pegados al suelo, pero eso no es tan malo, está el pasto verde.
Lo malo es cuando el pasto no es tan verde y el cielo no es tan azul. ¡Sí! Aunque parezca obvio, el cielo no siempre es azul y el pasto no siempre es verde. Cuando nuestro pasto es amarillento y nuestro cielo se vuelve grisáceo, significa que llegó ante nosotros don Pesimismo.
¡Qué paisaje más ideal el del pasto verde con el cielo azul!... Bueno, a mi me gusta más el pasto amarillento y el cielo grisáceo, pero en fin.

23/7/07

The Simpsons: Diez Años Expectante.



Como todo el mundo (chileno), recuerdo que era la época de Video Loco. Los viernes me desvelaba para ver los nuevos “monitos” que daban en el trece rayana la medianoche. Con mi hermano, decidimos empezar a grabar los capítulos, porque todos decían que los monos prometían. Eran un éxito en gringolandia, por su humor irónico y a la vez sencillo. Yo era chico, casi como Bart, por lo cual me identifiqué de inmediato con él. Mi hermano se encantó con Homero. “The Simpsons” era la serie. “Qué corto el capítulo, casi media hora”. Desde ahí supimos que duraban 22 minutos, lo cual grabado en EP nos daría un total aproximado de 16 ó 18 capítulos por casette.
Nos mimetizamos de inmediato con el humor de los Simpsons. Durante la semana, en las horas de comida (donde se reúne toda la familia en Chile), de un extremo de la mesa al otro imitábamos las voces de Homero, Bart, Lisa, Marge, Moe, Lenny y otros. Recordabamos las partes buenas y esperábamos el día viernes.
La pregunta de Lenin atormenta a todo niño aburrido un día domingo: ¿Qué hacer? Nuestra respuesta era ver los Simpsons. Repasábamos los capítulos, fijándonos en los detalles que no habíamos percibido y riéndonos cada vez con más fuerza. La gente común no entendía nuestro humor. “Se ríen de los monitos”. Pocos entienden que los Simpsons son mucho más que monitos.
Los Simpsons han estado presentes en gran parte de mi vida. Son la base de mi humor. Es elemento analógico que tengo para cada cosa que pasa. Todo lo relaciono con un capítulo de los Simpsons.
Recuerdo capítulos con carga emocional, como el capítulo en que Troy Maclure se casa con Selma Bouvier (Hermana de Marge), ya que en el momento en que lo estaba grabando a mi hermano le tiró veneno en la cara una araña (¡Qué frikie! dirán). O uno de los pocos que he visto en familia: Las dos partes del asesinato del Sr. Burns.
¡Cuántas cosas he aprendido con los Simpsons! Entre ellas aprender a ver las cosas más allá de lo que son, ver que los Simpsons, más allá de ser “monitos” son una fuerte crítica social (sardónica y sarcástica) hacia la sociedad Consumista y Capitalista en la que vivimos, donde las apariencias y el Status determinan los juicios ante las personas. Aprendí también cómo se ocupa la ironía al máximo, sin llegar a pasar la raya del respeto. Aprendí, sobre todo, a despreocuparme de las cosas, a tomar menos en serio las situaciones y a valorar la risa (porque la risa no abunda en la boca de los tontos, sino que es escasa en la boca de éstos).
Aún recuerdo, que estaba en la feria con mi hermano cuando salió el comentario: “Dicen que Matt Groening va a hacer otra serie, igual que los Simpsons, pero en el futuro”. Todo esto en el contexto de un posible fin de los Simpsons por allá por 1999, donde se decía que estos nuevos “monitos” vendrían a reemplazar a la familia amarilla. No fue así, y mejor aún Futurama fue un gran acierto. También me enamoré de Futurama y ahora grababa las dos series… En fin, ambas series son, humorísticamente, iguales.
Era un viernes en la noche, esperando los Simpsons, cuando en Telenoche anuncian acerca de una posible película de los Simpsons para el 2006. “En seis años más… ¡Qué bacán!”. La emoción nos invadió. Llegó el 2006… sólo había una noticia: Julio del 2007 era la fecha de estreno.
Hoy, a diez años de aquel viernes que, con pocas esperanzas, grababa los Simpsons en VHS; a casi 400 capítulos vistos; a más de 40 casettes comprados, archivados y vistos una y otra vez; a innumerables exclamaciones del estilo “Es como en el capítulo en que Homero…”; a incontables carcajadas… Espero la ansiada película, con la entrada en la mano, no esperando mucho, para no desilusionarme después. Sólo voy a acumular éste capítulo súper-especial en mi retina, para tener más chistes internos con mi hermano.

Post Scriptum:
Por lo menos el cerdo asegura unas cuantas risas en el cine… espero que todos rían para que no me reten de nuevo por reírme muy fuerte.

Post Post Scriptum:
Espero no exclamar un “me lleva la cachetada” o “me quiero volver chango” después de ver el filme. Espero exclamar un “de lujo, maestro”.


Post Post Post Scriptum: He dicho una y otra vez que los Simpsons NO SON MONITOS, por lo que espero que la gente sea conciente y no vaya con niños al cine, porque aparte de que un niño no entiende el humor de los Simpsons, es realmente desagradable tener un niño gritando "Mira el Homero" o "Papá ¿Cuánto falta?"... ya me pasó con Spider-Man 2 y fue atroz.

20/7/07

Los Nadies.


Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.

Los nadies: Los hijos de nadie, los dueños de nada.

Los nadies: Los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:

Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.



EDUARDO GALEANO

18/7/07

Oniris.


Cuando despertamos, sabemos que algo soñamos pero es muy difícl acordarnos qué realmente soñamos. A veces quisiéramos seguir soñando, otras veces quisiéramos que lo que en el sueño nos pasa sea de verdad un sueño, porque si fuera realidad sería una tragedia. Qudémonos con los sueño que queremos sean eternos, aquellos que están hechos para nosotros y por nosotros, por lo que nada puede salir mal, excepto una cosa: Que nos despierten.
Oniris, es un minicuento de sueños que parecen realidad, pero que lamentablemente son realidades que parecen un sueño.


“¡Dos y cuarto! ¡Sale el de las dos y cuarto!”. Le gritaba Fresia, su hermana, mientras corrían, casi volaban para alcanzar aquel bus rosado que las llevaría al Paraíso, un pueblecito del sur de la ciudad. A Fresia se le cayó su boina mientras corrían.
Arnouveau, tenía mucho miedo de perder el tren, primero porque era rosado, y segundo porque nunca había viajado en avión. El avión de las dos quince ya se iba. Era un avión rosado, el color favorito de Arnouveau.
Ambas corrían y corrían, tan rápido que daba la impresión de que no tocaban el suelo, o al menos eso creía Arnouveau, sobre todo cuando de repente, olvidando que estaba corriendo, logró mirar a su derecha y observó a un niño igual al de la película jugando con una mujer. La mujer le arrojaba pañuelos desde unos diez pasos de distancia, y el niño con la palma abierta los recibía y los convertía en una llama cuyo humo tomaba la figura de un arco iris de tonalidades blancas, grises y negras.
Seguían corriendo y parecían jamás llegar. Decidieron tomar un taxi. Pero no pasaba ningún taxi rosado, porque obviamente para llegar a un avión rosado, había que tomar un taxi rosado. Menos mal que justo llegó ese viento del sur que le dijo su profesora y las encaminó a la puerta misma del avión. Tenían frío. Sacaron sus boletos rosados y se los mostraron al hombrecito de boina que los cortaba. Les dijeron que al fondo a la derecha estaba el baño y a la izquierda de éste estaban sus asientos: 54 y 56.
“Pero Fresia si los pedí juntos, no sé qué pasó”. Fresia no respondía. “Pero discúlpame, si yo traté de pedirlos juntos, pero te repito que no sé qué pasó”. Arnouveau se enojó ante la incorrespondencia comunicativa de su hermana. “Bueno, entonces me voy sola, pero en tren”. Se bajó del avión, tomó un taxi rosado y la llevó hasta el tren rosado. Subió al tren y el mismo hombrecito del avión le cortó los boletos. Algo raro había allí. Fresia estaba sentada en el fondo del tren, en el asiento 55, pero no llevaba su boina. “De veras que se le cayó mientras corríamos” pensó Arnouveau. Cerró su sombrilla y se sentó al lado izquierdo de su hermana.
El tren iba muy rápido... El tren iba muy rápido... El tren iba muy rápido... El tren iba tan rápido que se desprendió el techo y Fresia gritaba fuerte. Fresia gritaba muy fuerte. Arnouveau estaba tranquila, porque faltaba poco para llegar al Paraíso. El tren paró de repente y el hombrecito gritó “por favor todos muestren sus boletos, porque el servicio ha sido suspendido y deben ahora abordar el avión. Por su comprensión, gracias”.
Todos se fueron al avión rosado que esperaba afuera. Salieron por los techos. En la puerta del avión estaba el hombrecito, cortando los boletos rosados. “Al fondo sus asientos señoritas”. Les tocó el 54 y el 56. Dejaron de quejarse. Fresia quería seguir quejándose, pero Arnouveau se acordó de un aforismo que le había dicho Maritaine, una amiga francesa que conoció en la biblioteca: “Los problemas tienen oídos sordos ante nuestras quejas, aunque ojos atentos ante nuestros actos”.
El avión llegó al fin a su destino, bueno casi. El aeropuerto se había incendiado, por lo que debió aterrizar en el cementerio. Las hermanas se bajaron del avión, mirando en el horizonte la gran llamarada que había acabado totalmente con el aeropuerto.
Para llegar al Paraíso debían atravesar el cementerio, al igual que todos los demás. “Me da miedo, me recuerda el funeral de mamá”. A propósito de ese comentario, le llegó un papel en la cara, una especie de folleto rosado.

EXCAVADOR DE TUMBAS.
LLÁMEME AL 555 – GRAVEDIGGER.

Arnouveau se recordó de la interpretación de Delacroix de los sepultureros de Hamlet. Caminando por el cementerio, al igual que todos los demás, a Arnouveau le vino una idea. “Pásame el celular Fré”. Desconfiada, Fresia se lo pasó. “Pero Arnie, no me gastes muchos minutos”. Llamó al excavador de tumbas.
De atrás de un árbol, iluminado sólo por la luna de cristal que se mostraba esa noche, aparecieron dos hombres con aspecto de muertos, con aspecto de mineros muertos. Cargaban con sus picotas y sus palas, con sus chaquetas de cuero sin manga tiznadas por completo de carbón y uno de ellos acarreaba una carretilla en la que estaba tirado un cuerpo sin vida. “Mande” le dijeron a Arnouveau.
La idea de Arnouveau era poder ver por última vez a su madre, que de hecho estaba enterrada en el cementerio en que estaban conversando. “Quiero ver a mi madre, quiero saber cuánto me va a costar”. Los sepultureros cavilaron unos segundos. “La boina de tu hermana”. Fresia y Arnouveau se miraron instantáneamente. Luego ambas miraron la la cabeza de Fresia. La boina no estaba allí. La había perdido. “¡La tiene el hombrecito que corta los boletos!”. Corrieron hasta el avión, apresuradas, viendo que las turbinas ya estaban en marcha para partir. “¡Espere! ¡Mi boina!” gritaban mientras corrían, corrían muy rápido, tan rápido que parecía que no tocaban el suelo. Mientras corría, olvidando que estaba corriendo, Arnouveau logró mirar hacia la izquierda y vio la menuda figura de su madre vestida de novia. No se veía feliz, se veía triste y solitaria, sobre todo solitaria. Intentó parar de correr en línea recta para dirigirse donde su madre, pero iba demasiado rápido como para parar.
Llegaron donde el hombrecito de la boina. ¡Sí, era la boina de Fresia! “La recogí mientras corrían muchachas, no quería robarla”. Fresia golpeó al hombre, lo golpeó con su puño en la nariz, lo golpeó tantas veces que su nariz estalló en sangre. Se le veía el huesito de la nariz. Se despidieron del hombrecito, tomaron la boina, se sacaron los zapatos de tacón alto para correr más rápido y se largaron a correr.
Para entrar por segunda vez al cementerio debían pagar una especie de peaje. “Son dos libras” les dijo el hombrecito, el mismo hombrecito de los boletos. “¿Libras?” se preguntó Arnouveau. “¡Ah, libras!”. Sacó cuatro libras y pagó por las dos.
Corrieron hasta la tumba en la que las esperarían los excavadores de tumbas. No estaban. Siguieron su camino.
Llegaron al Paraíso. Era un verdadero infierno. Fuego por todas partes, gente muerta en todos lados, perros desnutridos con ratones muertos en sus hocicos, vehículos en llamas y un camión azul. Se dirigieron al camión azul. Era un camión como el de Los Magníficos, sin las ruedas traseras y con las puertas abiertas. Fueron a la parte de atrás, abrieron las puertas de la cabina trasera y se encontraron con una horrible imagen: Docenas de bebés muertos, más bien reventados, molidos, aplastados contra el piso del camión. Las chicas se quedaron sin habla. Llegaron los sepultureros con sus palas. Pidieron permiso a las muchachas y comenzaron a retirar con la pala los restos de carne y huesos que constituyeron alguna vez niños. Echaban los restos en un saco que decía:

HARINA – MOLINO DE TRES CUARTOS, CASS GARAMY.

“¡Eso!, necesitamos harina, tenemos que ir con ese Cass Garamy”. Le preguntaron dónde podían encontrarlo a los sepultureros y caminaron en la dirección indicada.

* * * * * * * * * * * * * * *

Sonó el despertador, marcaba las 7:00 a.m. Se quedó quieta, mirando el techo. Tratando de recordar el sueño. No pudo. Trató de conciliar nuevamente el sueño para volver a ese sueño tan bello. No recordaba de qué se trataba, lo único que recordaba era que era muy bonito. “Había mucho rosado y estaba la Fresia”. Siempre sueña con su hermana para la conmemorativa fecha del accidente que le quitó la vida. “Pudimos haber sido las dos…”.
No tenía que ir a la universidad. Era sábado. Tenía que ir al cementerio, con su mamá.

14/7/07

La Cultura.


Suelo coleccionar cosas. Desde chico, si encontraba una cosa que sea del mismo estilo que otra, y habían más similares entre sí, no podía dejar pasar esa colección en potencia. Tazos, laminitas, cartas, figuritas, stickers, juguetes del McDonald´s, estampillas, incluso tapas de botella, envases de axe, piedras, lápices, llaves, monedas de diferentes países... etcétera. He coleccionado de todo. Ahora colecciono menos, pero sigo coleccionando de todos modos: Discos de Franz Ferdinand, The Strokes y Beck, los capítulos de los simpsons en VHS (tengo como 312 capítulos o 43 cassettes, según el último conteo), libros de la editorial Universitaria, y últimamente mi loco afán es estar de los primeros el día sábado en la mañana frente al kiosco para comprar calientita La Tercera del sábado, pues adentro viene mi querido suplemento de Cultura.
Corría mi época intelecto-retraída (tercera etapa de mi vida), cuando se anunció que La Tercera haría de su sección cultural un suplemento autónomo estilo revista. La noticia me interesó menos que una colilla de cigarro, sin embargo por casualidad me encontré el suplemento en el asiento de la micro (amarilla) cuando volvía del Bellas Artes. La revista me llamó la atención, gracias a mi ignorancia: En la portada aparecía un tipo disparando con una boina, todo en blanco y negro. “Huidobro Dispara”, se leía en el titular. Desde ese momento no paré de leer La Cultura. Con ese tomo le tomé animosidad a Neruda, me enamoré de Huidobro, supe quién era Martin Heidegger y aprendí a valorar a Jocelyn-Holt.
De ahí que me sorprendo con cada portada de la Cultura: Jorge Luis Borges, Botero, Roberto Matta, Martin Scorsese, Pablo Neruda, U2, Mario Vargas Llosa, José Donoso, La pequeña Gigante del Royal DeLuxe, Clint Eastwood, Andy Warhol, Roger Waters, G.G.M., 300, J.R.R. Tolkien, Woody Allen, Isabel Allende, Darth Vader, María Luisa Bombal (Think I´m in Love!), unas Converse estilo Frida Kahlo, Harry Potter, Björk y mis vitales Simpson. (Espero salir ahí algún día)
“Todos remiten la cultura a su oficio. Para los saltimbanquis es cultura hacer malabares, para los literatos es cultura un libro, para un cocinero la comida” Es verdad, todos cierran sus mentes ante nuevas posibilidades culturales, nadie admite que la cultura abarca mucho más de lo que se supone. Ser culto no está dado por hablar de modo sofisticado, ni por leer a Cervantes, ni por reírte de los chistes del Mercurio (que por lo demás hay unos que son de culto, por lo fomes). La cultura está determinada por conocer qué hacen tus contemporáneos, qué hacen tus coterráneos, qué hacen tus coetáneos, qué gustos tienen las personas con las que convives diariamente. Cultura es conocer cómo funcionan y funcionaron las cosas, en todo ámbito.
Por eso colecciono esta Cultura, porque me muestra las ideofacturas que el mundo está produciendo y recopila las grandes ideas de antaño que repercuten hoy.
Hoy tengo el número 42 en mis manos, y le agradezco todos esos datos freaks referentes a literatura, cine, teatro, música, pintura, arquitectura y filosofía.
¡Cultura, gracias por ser tan ecléctica!




Servicio de Utilidad Pública: Revisando mi colección, percaté de que me robaron los tomos 2, 3 y 12, así que hago un llamado público. Si alguien tiene esos tomos, haga el favor de indicármelo.
El Cheloveco.

13/7/07

Coca-Cola (Coke).


Siempre ha estado ahí. Es como el espejo del baño: Nadie sabe quién lo trajo, ni cuándo lo trajeron, el punto es que está ahí, intacto, viendo pasar nuestros días, todos y cada uno de ellos, indicándonos qué hay para hoy, recordándonos que el tiempo pasa, aunque no lo parezca. Una función similar es la que cumple Coca-Cola. Al igual que el espejo, nos recuerda qué tenemos que hacer: Tomar Coca-Cola.
Coca-Cola nos mira en cada lugar, siempre está ahí. Cuando esperamos la micro; cuando vamos en el metro; cuando estamos esperando que el Boomerang nos deje caer; cuando escuchamos la radio FM y AM; cuando vamos a hacer un ensayo para la PSU; cuando compramos una Pepsi; siempre hay una Coca-Cola que nos mira y nos dice qué tenemos que hacer: Tomar Coca-Cola.
Parejas felices, niños sonrientes, abuelos que recuerdan sus años mozos, mamás que quieren a sus hijos, familias perfectas (mamá, papá, hijo, hija, perrito), chicos cool, chicas fashion, superestrellas del rock, astros del balón… todos ellos disfrutan de una negra, fría, suave, refrescante, sabrosa y reconfortante Coca-Cola.
Si incluso, ha pasado a formar parte de nuestra cultura urbana. No lo notamos, porque está tan enraizada que es tan obvia su presencia como que todos sabemos quién es Elvis Presley o Bart Simpson. ¿Quién no ha tomado Coca-Cola con café o Coca-Cola caliente para derrotar el sueño? Si incluso, en sus comienzos la Coca-Cola era un símil de la Aspirina.
El punto es que la Coca-Cola siempre está ahí, haciendo de todo, obligándonos. Su publicidad siempre es la más llamativa, siempre la más convincente, siempre con el jinggle más pegajoso, siempre con la promoción con más arrastre, siempre con un envase más económico y con una modalidad distinta.
La Coca-Cola se ha vuelto una verdadera necesidad básica, para todos los estratos sociales. No es necesaria para el hombre, pero al menos eso es lo que la publicidad dice, y eso es lo que vale.
Todo el mundo toma Coca-Cola: Orientales y Occidentales, Negros y Blancos, Comunistas y Capitalistas, Pobres y Ricos, Hombres y Mujeres, Niños y Ancianos. Dejar de tomar Coca-Cola es difícil, y más difícil aún cuando todos los que te rodean ya están inmersos en la vorágine del consumismo.
Ya he intentado tres veces de dejar la Coca-Cola, a pesar de que no soy un ferviente consumidor (no he tomado más de un litro a la semana, considerando que la estadística es de medio litro diario por persona).
Voy a dejar de tomar Coca-Cola, aunque todo el día esa roja imagen me diga que voy a ser un perdedor, un fracasado, un infeliz, un apartado social, un extraño, un sucker, un aburrido, un desgraciado, un idiota y un tarado. No sé porqué voy a dejar de tomar, quizás de puro ocioso, quizás de anti-sistémico, quizás de aburrido, aburrido ante la monotonía del color negro, quizás de puro iconoclasta. Si debe ser de puro iconoclasta.
Y cuando vaya a un local de comida rápida, pida un combo 3 y la señorita atendedora me haga la obligada pregunta "¿Coca-Cola las bebidas?", le voy a poder responder "No, Sprite".
No es un gran cambio, pero es un cambio.



Photo by Vale.

El Nivel.


No sé si se puede definir cuál es el nivel que sigue. Al menos por ahora, las miradas son intencionalmente opuestas, las direcciones se vuelven habitualmente nulas. Para saber cuál es el nivel que sigue, necesito que me digas dónde estamos… si es que estamos. Hard To Explain. Bien, puede ser difícil, pero no puedo, al menos respecto a ti, construir un Castillo en las Nubes, no puedo basarlo en supuestos. Ojalá pudiera huir, a un lugar lejano. ¿Para qué? Sólo para huir. ¿Huir de qué? De la cámara lenta. ¿Con la que te grabo? No, con la que nos graban.
Típico del teatro de este siglo, mucha poesía, poco sentimiento. La vida es una poesía. Sí, pero un culebrón no es poético. ¿Todo se rompe para ti? No, sólo lo de débiles cimientos.
¡Perfecto! ¿Juguemos? ¡Así que ahora quieres jugar! Si, y prometo no usar tu cabeza como un revólver… ¡Además era Revolución Rusa! Sabes que eso no es una excusa razonable… pero en fin, estoy aburrido. Entonces ¿sí?
Lo último que le dije era que había roto las reglas del juego. Me quedé sin balas, sin balas y sin balas, balas de las naranja, naranja Vincapervinca. Usó mi cabeza como un revólver. Al menos tengo las manos (frías) útiles para escribir una carta de socorro.
No sé qué rayos ganas con lo que me haces que hagamos. Pasar el tiempo. ¿Para qué? Para el gran día. ¿El jueves? Da lo mismo el día que caiga, de hecho no tengo idea. ¿Y no te da miedo? Me da vergüenza. Debería. ¿Sí? Sí.
Estoy equilibrándome, por tu culpa. ¡Sabías que la confianza pesaba más que una pluma! Pero por jugar, por jugar ese demoníaco jueguito... ¡Porqué no me quedé con las Hermanas Tijera! A ti también te gusta el juego. Si, pero ya no. Me gastaste todas las balas. ¿En serio? Si, de verdad. Me quedé sin balas por tu culpa. No voy a jugar nunca más.
Tres semanas después me invitó a jugar. No me acuerdo si acepté o no. Lo que sí, sé que estamos en otro nivel, sin balas, pero al fin en el siguiente nivel.

11/7/07

¡Rayos!


02. Literatura de la Basura: Un ejemplo.
08. Una niña pinta un cuadro.
45. George habita una isla.
72. Hola… ¿No te conozco?
16. Pero si te dije que no fui.
20. No hay nada más fome que leer un libro obligado.
19. Cuando te llaman, contesta, pero no en la calle.
01. Bacán: Que tiene bacanidad.
37. Aquí si estamos entre caníbales.
54. Cuando recorro tu piel, no sé si dejarme ganar o hacerte perder.
68. Converse (No por la marca de zapatillas, sino por el acto de conversar).
33. La luz del sol tiene somníferos.
97. Cargo con los Rolling Stones ¡y qué!
60. Pensar por otros es muy frecuente.
84. De T-34 y Tigers.
74. Míralo… ¡Míralo, se revuelca!
67. Y no estabas en la rima que duerme en todas las palabras.
11. ¡Golazo!
61. Esquivo mi mirada y estás siempre ahí.
23. Nada obtendréis de nada.
70. De reyes locos y locos reyes.
65. Cuando veas a un forajido nunca le muestres los dientes.
04. 11 de cada 10.
10. La niña tiene un cabello realmente verde.
12. Su cuadro es realmente naranjo.
02. Oasis - Lyla.
44. Si no la recoges, te doy un beso.
13. Es un naranjo Vinca-Pervinca.
39. ELUNO.
88. Chau. ¿De verdad? Sí, Chau.
31. Es que no me cabe en la cabeza…
69. The Telephone is ringing, and is for you, fucked!
79. Bubblegum(ers).
53. Sus tatotillas.
77. ¡Tengo Miedo Torero!
15. Cuando rima, no calza. Fondo/Forma.
99. Mira, entra en el juego.
41. ¡Qué buen tema!
03. ¡Caput!
00. El Cheloveco.

10/7/07

Según los Cálculos, los Cálculos Fallan.


Todo pronosticaba ser un día normal para Leotardo. Un día normal para Leotardo, era el equivalente a un día funesto para cualquiera que se encuentre en la norma de normalidad. Tenía una especie de afanoso afán en cuanto a preocuparse, lo que incluso parecía serle grato.
Todos creíamos que era un perdedor porque quería serlo, no era necesario preocuparse tanto por las cosas. Todo le preocupaba a Leotardo, sin embargo nunca se ocupó realmente de algo. Vivía en el mañana a tal extremo que olvidaba su ayer y cometía los mismos errores en el hoy.
Ese jueves (el jueves negro) lo tenía planificado desde hacía ya una semana: El despertador sonaría a las 5:59 a.m., siendo que estaba programado a las 6:20 a.m.; tendría que abandonar el sueño que lo dejaba escapar de la realidad, para efectivamente afrontar esa misma realidad, que lo recibía con sus brazos fríos y abiertos; estaría lloviendo, por lo que no podría evitar llevar el abultado abrigo que su madre le obligaba a llevar en los días de lluvia; caminaría seis calles hasta el metro y debería hacer una cola constituida por cerca de 80 personas, ya que según sus cálculos, ese día tendría que cargar su tarjeta de transporte; subiría a un vagón sobreexplotado respecto de la dosis permitida de personas que puede recibir; llegaría de mal humor a su escuela, pues el atraso de ese jueves sería el sexto en el mes, lo cual implicaría una suspensión de clases para el día viernes que seguía; respecto del ámbito escolar, debía exponer acerca del creacionismo literario en literatura, sobre lo cual no prepararía nada y afrontaría su mala calificación; luego le seguiría una extensa prueba de matemática, la que realmente le causaba pavor; terminaría el día escolar con una horrible clase de química, en la que le entregarían el puntaje obtenido en una prueba pasada, en la que espera de hecho una reprobación… sin embargo, no todo el día sería un día normal, según lo que había planificado: a las 2:30 p.m. podría verla a ella, y si tenía los ánimos podría, quizás, preguntarle la hora o pedirle fuego. Después de eso, no le importaba que pasara con su día.
Llegó el fatídico día anunciado. Sí, es un día fatídico, pero lo será sólo hasta las 2:30 p.m.
El despertador sonó correctamente a las 6:20 p.m.; era un día cálido, muy atípico de ese gélido invierno; no llovía y su madre dormía plácidamente; sus cálculos habían fallado, y no era necesario hacer la terrible cola, que por lo demás excedía sus cálculos: era de más de 130 personas; subió al vagón del metro, pero algo extraño había allí: estaba vacío, lo que provocó un trayecto mucho más expedito hasta su destino; no hubo atraso alguno; su profesora de literatura estaba enferma; la prueba de matemática se había postergado; le entregaron la prueba de química, en la que curiosamente estaba plasmado un notable 7.0 dentro de una circunferencia… Qué día más anormal, pensó, todo me ha salido bien.
A veces los cálculos fallan. Eso se dijo al ver cómo una camioneta roja atropellaba a la chica de sus sueños. Los cálculos a veces fallan.

2/7/07

La Revolución Rusa.




En plena Revolución Rusa puedo dejar de creer… nunca en las ideas, pues es difícil que ellas te traicionen, menos cuando les estás dando cuerpo. Puedo dejar de creer en aquellas “ideas con cuerpo”, por mencionarlas de alguna forma. Me refiero a las inspiraciones. Ellas son como la palabra: Si no dan Vida, Matan. En este caso dieron vida al intentar matar. La vida se obtiene al alcanzar la Libertad… ya saben cómo.
Me aburrí de jugar. Un saludo – Hola –, un Juego y la despedida – Chau –.
“¿Juegas?”, me dice. “¿Juegas otra vez?”. Ya le he dicho tres veces que sí a esa pregunta. “No”, le digo, y es como si me sintiera más liviano, como si me parara en un taburete más alto que el que tenía bajo mis pies. “No, no juego más”. Y me siento Loser, pero al menos un Loser libre. Sacudir el yugo es posible incluso en plena Revolución Rusa.
No jugué porque usaste mi cabeza como un revólver. Tenía la ilusión de la Libertad, pero siempre estuvo ahí la Esperanza como fiel guardiana. Esperé a que se durmiera y salí, y más allá me esperaba el tren de la Demencia. No me subí. No sé por qué no me subí. Debe haber sido por el frío, la nieve o quizás por la misma Revolución Rusa.
“¿Jugás ahora?”, me gritó desde su habitación. Me doy media vuelta, asiento con la cabeza y corro hacia ella. Nos sentamos en la mesa. Me saco la cabeza y le disparo. En Revolución Rusa, sólo yo puedo ocupar mi cabeza como revolver.
“¡Otra vez!” le dije. “No, ya no quiero jugar contigo… ¡Habíamos quedado en que los grandes no juegan poh!”. Eso creí yo, pero en fin: Estamos en plena Revolución Rusa.

26/6/07

BUBBLEGUM (Chicle).


Dicotomía Sideral. Una paradoja. Una paradoja sideral. Sideral por lo poco asertiva, lo estratosféricamente poco asertiva. En un mundo apurado y estresado, en el que nadie tiene tiempo ni para una sonrisa, me percibo como un oasis, como una paradoja o simplemente como un caso aparte. Aparte porque me aparto, no de la gente, sino del ritmo de vida. Vida que se vive, y se vive para contarla, después, no ahora, sí después.
Creen en los monstruos creados por ellos mismos, tal como crean dioses para tener algo firme y estable en que aferrarse dentro de un mundo caótico, inestable y groseramente sucio. Crean monstruos para creer en ellos y auto-persuadirse del precepto “nada es fácil, nada es bueno”. No quiero considerar ese precepto: Mastico un chicle.
Qué fome no preocuparse, suelen decirme. Me ocupo en vez de preocuparme. Para preocuparse hay que tener tiempo, y no tengo tiempo para esas cosas: Si lo tengo para masticar un chicle.
Los libros, los discos, las películas, l@s amig@s me guiñan. No puedo acariciarlos. Lo único que puedo hacer en mis lapsos libres es… masticar un chicle.
He probado todos los Dentyne y los Bigtime: Sandía, Menta, Ultra, Bubblegum. Aqua, Fusion, Canela, Berry… Concluyendo que sólo los Bigtime me permiten hacer globos, globos que son el paroxismo del asueto posible en un día de Quarto.
Rebusco en la rima que duerme en todas las palabras, pero todo se distorsiona y se vuelve a armar, no pudiendo rescatar esos versos perdidos en el abismo rocalloso de basura literaria, abismo de lo inconcreto.
“Nada se obtiene de nada” (“El Rey Lear”, Shakespeare). Y realmente, no hay nada peor que aquello que no se hizo. Por eso hay que hacer lo que se debe, lo que se puede y lo que se quiere, pero ¡En ese orden!

15/6/07

No Hay Verdades, Sólo Argumentos Convincentes.




“Quien controla el pasado controla el futuro: Quien controla el presente controla el pasado” (“1984”, George Orwell).

La “Verdad” es un elemento muy utilizado en política, sobre todo cuando de sacar la Historia se trata. Quién maneja la Verdad Histórica, es muy difícil de definir, no así quién controla la Verdad Política.
La Verdad Histórica es aquello que se remite particularmente al suceso mismo que ocurrió en el pasado, su descripción lo más rayana a la inexistencia de sesgo y limitándose, en lo plausible, a lo meramente objetivo.
Lo otro es la Verdad Política, la verdad que conviene que se sepa, pensando siempre de manera proselítica. Aquel(los) que tiene(n) el poder pueden incluso manejar el pasado, teniendo a su favor: el intervencionismo intelectual (Censura), el paso del tiempo (que provoca el olvido) y en muchos casos la fuerza física (Coerción).
Todo ese poder deriva que, según las necesidades políticas, se maneje la historia ya sea mintiendo o ya sea ocultando parte de la verdad.
En los regímenes totalitarios, evidenciamos de manera clara cómo se llevan al paroxismo valores necesarios para echar a andar el sistema y que no son muchas veces coincidentes con los que se proclamaban hasta entonces; como se culpa de sobremanera todo aquello que atente en contra de la palabra absoluta del sistema; como se manejan hechos y acontecimientos sucedidos, para exaltar otros que son necesarios que sucedan; como se baja el perfil a aquellos actos que en un momento fueron apoyados por el oficialismo y que luego, al atentar contra él, fueron considerados traiciones; como se destruyen aquellos principios que, en un comienzo, fueron la clave para llegar al poder, y de acuerdo a la situación política tuvieron que ser desechados o modificados; como se adora y después condena a ciertos personajes importantes en el desarrollo del sistema, que fueron víctimas del sistema tan sólo por su consecuencia política…
La Verdad Política, es aquella verdad que conviene que se sepa, según las necesidades políticas imperantes. Es una Verdad o Historia (entrelazando ambos conceptos) que puede ser considerada como “moldeable”, ya que su concepción reside en gran parte en quien la utiliza.
Para llegar al poder, es como en la guerra y el amor, todo se vale. Si bien no debería ser así, políticamente está esto admitido, pues nadie está en la posición de acusar al otro, básicamente porque “todos lo hacen”. El populismo, y más aún la Mentira, son elementos comunes en las carreras por el poder. Se promete algo que se sabe no podrá ser cumplido, o se prometen cosas que luego pierden su prioridad, pues como sabemos “otra cosa es con guitarra”. El poder cambia a las personas, no al revés… las promesas o ideales cambian por que las personas cambian… en definitiva, el poder cambia los ideales, pero el poder siempre permanece intacto.

”Si ella misma hubiera concebido un cuadro del futuro, sería el de una sociedad de animales liberados del hambre y del látigo, todos iguales, cada uno trabajando de acuerdo con su capacidad, el fuerte protegiendo al débil (…) En su lugar (…) habían llegado a un estado tal en el que nadie se atrevía a decir lo que pensaba, en el que perros feroces y gruñones merodeaban por doquier y donde uno tenía que ver cómo sus camaradas eran despedazados después de confesarse autores de crímenes horribles. No había intención de rebeldía o desobediencia en su mente” (“Animal Farm”, George Orwell)

Sin embargo, “El Peso de la Noche” puede más y cuando están acalladas las voces, todo vuelve al orden, al desorden, acostumbrado.

13/6/07

Tres Ideas en Contra de la Esperanza.



“Puede que la verdadera Felicidad esté en la convicción de que se ha perdido irremediablemente la Felicidad, entonces empezamos a movernos por la vida sin Esperanzas ni miedos, capaces de gozar por fin todos los pequeños goces, que son los más perdurables”
(“El Árbol”, María Luisa Bombal).

Esperanza y Felicidad: Sólo cuando creemos no tener nada que perder arriesgamos lo poco y nada que creemos tener. En el riesgo, muchas veces, encontramos aquello que buscábamos cuando creíamos tener algo. La Esperanza nos mantiene ligados al miedo, al temor al cambio, el pánico a perder lo que tenemos. Sin embargo, las cosas no se valoran cuando se tienen, sino que cuando se pierden. Cuando no tenemos la Esperanza de alcanzar algo, estamos mucho más cerca de alcanzar eso.

“La Esperanza es el peor de los males, pues alarga las torturas de los hombres” (“Humano, Demasiado Humano”, Friedrich Nietzsche).

Esperanza y Tortura: La Esperanza extiende la resistencia de los hombres. Durante la Segunda Guerra Mundial, un grupo de judíos enclaustrados en un campo de concentración, sufrían los fríos y hambres más grandes. Podían, en efecto, haber dejado de hacerle frente a la muerte y dejar así de sufrir tales tártaros. ¿Por qué no lo hicieron? No lo hicieron por que habían oído el rumor de que en un mes más las tropas aliadas los librarían de tales horrores. Los meses pasaron y lograron resistir más de medio año en pésimas condiciones de vida, por la pura esperanza de que ese rumor fuese realidad. Murieron. Dos semanas después de su muerte, las tropas aliadas encontraron sus cadáveres. La sola esperanza les dio fuerzas extras para, en definitiva, seguir sufriendo.

“La Libertad se alcanza sólo abandonando la Esperanza” (“Fight Club”).

Esperanza y Libertad: ¿Qué nos coarta la Libertad propia más que la Esperanza? Muchos consideran la Esperanza como una virtud… no es mi caso. La Esperanza es lo único de lo que se puede aferrar un desgraciado. Es un motor que lleva a las personas a resistir más de lo debido ¿Para qué? Muchas veces la Esperanza hace resistir en vano, y esa resistencia implica un despojo de nuestra Libertad, pues la esperanza de que algo sucederá nos impide realizar acciones en pos de que eso ocurra, pues estamos seguros de que eso de todas formas va a suceder. Un ejemplo del pensamiento esperantista lo viene a constituir una expresión de “Animal Farm” de George Orwell, donde un animal opuesto a la Rebelión anti-hombre dice “Si la rebelión se va a producir de todos modos, ¿qué diferencia hay si trabajamos para ello o no?”. Ello constituye sarcásticamente el pensamiento esperantista: Si algo va a suceder, da igual lo que haga, pues está destinado a suceder.

Si dejamos de torturarnos sin sentido alguno librándonos de la esperanza, estaremos más cerca de alcanzar la felicidad.

12/6/07

#8 The Beatles – Yesterday: Welcome to the Real World!



“Un día de gloria” se titulaba el Discurso de Cierre del Presidente. El título no era para nada una muestra más de soberbia por parte del equipo: Era simplemente un anticipo de lo que sucedería.
Estepáricamente fría mañana. Nervios casi nulos (algo raro una mañana de Debate). Confianza estándar, no excesiva como aquel Perfect Day. Argumentos sólidos, presentación impecable, apoyo global. Tiempo a favor. Un perfecto día imperfecto, como tanto había pedido.
Campo de batalla. Gélidos saludos, ariscas miradas. Suplente y nervios, caracterizaban el mundo del rival. Discursos aprendidos por nuestra parte (algo inusual en nosotros: La improvisación siempre puede más). Debate inentendible (Ver “El Regreso”).
Frío en mis manos, nervios nulos. Comienza la función. Saludos falsos, sonrisas a la cámara, miradas comunistas, aplausos fascistas. “¡Prepare to Glory!” dijo Leonidas (en 300, por eso el inglés).

El Cover.

Presentación: “La canción con más Covers en la Historia es Yesterday de los Beatles, con más de tres mil reinterpretaciones…”

Primer turno:
“…Se basará en una consecución lógica de definiciones…” (¡Suena realmente bonito!).


Preguntas distractoras: No respondidas.


Segundo Turno: “…El Poeta Es un Pequeño Dios…”.


Preguntas Malévolas: Respuesta referente a su “manzanita”.


Tercer Turno: “Soy Gabriel Ibáñez Lastra” (Lo más bonito de su discurso, es un clásico).

Notas: “Liceo Uno: 5.7”


Impresiones: “¡Wooo! Nos sacamos la media nota…”


Notas:
“Liceo Lastarria: 5.4...”


Impresiones: ¿?... What da Fuck?

Reacción: Alegar.


Resultado: Reunión Apelativa.

Reunión:
Si el Liceo Uno perdía, era muy posible que no pasaran a segunda ronda. Por lo anterior, siendo ellas las actuales campeonas del “Torneo”, es preferible tenerlas en competencia. Sí, ustedes tuvieron mejores argumentos y mejor forma, pero las notas ya están puestas… “No se preocupen ustedes ya están clasificados… además vamos a ser más flexibles con ustedes en el tercer debate”.

Conclusión: ¡Bienvenidos al Mundo Real!

10/6/07

#7 Garbage – I Think I’m Paranoid: Desigualdad Económica, Social, de Oportunidades, de Basura… ¡Sí, de Basura!


Sin querer me robé el Pene Drive del Pancho. Cuando estaba por dormir me di cuenta, Decidí escuchar qué tenía para escuchar. Como esperaba había buena música. Básicamente Garbage (no es que haya habido basura).

Garbage, una de las bandas menos basura de nuestra época, viene a presentarse como una ironía. En un mundo lleno de basura (libros, televisión, música, películas, periódicos [con notables excepciones]), donde todos contaminamos, como sea. Todos nos echan la culpa de la contaminación y del calentamiento global y de la delgadez de la capa de ozono y de la muerte de las ballenas… “Todos tenemos que hacer algo por frenar esto” nos dicen los líderes de movimientos ecologistas pro-tierra, lo que es verdad. Sin embargo, tenemos en cuenta que es difícil que una sociedad pueda, desde el poder civil, hacer en contra de la desigualdad económica considerando que el 1% de las personas más ricas del mundo controla el 24% de las riquezas del globo. Lo mismo ocurre en el tema de la contaminación, cuando casi el 20% de la basura la genera el mismo 1% más rico (Fuente: Tierramérica).

I Think i’m Paranoid.

“Esto es como la desigualdad. Todo el mundo la ve, la mide, la comprueba, todo el mundo la repudia… y todo el mundo se lava las manos y llama a los demás a hacerse cargo sin demora” (Rodrigo Ruiz, The Clinic).


El que el fuerte del problema dependa, como de costumbre, de la elite predominante, no significa que nos quedemos de brazos cruzados repirando Smog, Smoke y Fog (Rodrigo Lira) ni comiendo Garbage (Si escuchando, ¡pero no comiendo!). Significa, como de costumbre, que las clases mayoritarias deban ejercer su derecho censocrático y ejercer presión activa por cuidar el planeta. Lamentablemente, la tarea queda en nosotros, pues no es posible confiar en un Súper Ricardo Lagos ni en un Al Gore Reloaded para que nos solucionen problemas (nuestros) que realmente no les interesan más que para utilizarlos como un ascensor político que los lleve al infinito y más allá.

You can look, but you can´t touch

I don´t think I like you much.

Tú puedes hacer cosas: de los 16 millones de chilenos, sólo 30 mil intentamos reciclar nuestra basura. Y considerando que produces un kilogramo de basura diario, más de tres cuartos de ese kilogramo es reciclable en potencia, puedes hacer algo significativo por el planeta.
El Medio Ambiente puede subsistir sin el Hombre… ¿Puede hacerlo el Hombre sin el Medio Ambiente? Hay preguntas que es mejor no responder empíricamente.

I Think i’m Paranoid.

5/6/07

#6 Lou Reed - Perfect Day: El Día Perfecto.


Just a Perfect Day.

Cuando me hacen la obligada preguntita de cortesía “¿Cómo estás?”, suelo responderla, a simple vista maquinalmente, sin embargo la respondo con plena sinceridad: “Muy Bien”. En realidad, cuando respondo pongo en una balanza todas las cosas que he hecho y que me han sucedido, llegando siempre a una conclusión positiva. Quizá soy demasiado optimista o simplemente tengo suerte, pero siempre estoy bien o muy bien… y eso me cae mal de mí.

“Los aviones también se caen” me solía decir mi mamá cuando algo malo me sucedía. Hoy le tomo peso a esa frase. Lamentablemente le tomo peso en este día perfecto.

Oh It´s Such a Perfect Day.

Hoy fue uno de esos días donde sólo una catástrofe nuclear te puede sacar la sonrisa de los labios. Todo salió bien. Nada salió mal. Si me preguntaran hoy aquella pregunta que parece capciosa, no respondería algo inferior a un “muy bien”.

Hoy fue de esos días en que ni el frío ni el desanimo de los que te rodean puede volver un día grisáceo.

Hoy fue un día de esos donde NO se puede escribir una poesía que lleve por título “El día nefasto”.

Hoy fue uno de esos días donde todo parece ser una cámara indiscreta dentro de una iglesia adaptada para que se realicen fervientes discusiones acerca de tópicos espectrales.

Hoy fue uno de aquellos días en que leer a Goethe o a Shakespeare se nota de las misma manera que leer a Beaumarchais o a Aristófanes.

Hoy fue un día de miedo. Uno de esos días que te incitan a utilizar el sarcasmo y la ironía, pues es lo único que queda para encubrir todos aquellos deseos de humildad que tanto me gusta opacar. Una prosopone sarcástica en definitiva.

Hoy fue un día de canto a la Historia, un día muy distinto a los demás. Un día perfecto.

Just a perfect day,
You made me forget myself.
I thought I was someone else,
Someone good.


¡Oh, qué día perfecto! Desde que vi Trainspotting que me preguntaba como sería tener un día perfecto… Hoy puedo decir que tuve un día perfecto. Un día tan perfecto como el de Renton. Un día tan perfecto como el interpretado por Lou Reed.


Ahora que sé lo que es pasar por un día perfecto, tal como me lo habían descrito muchas personas, sin yo entender a qué estupidez se referían, quiero y haré todo lo posible por no volver a tener un día así de perfecto. Uno de esos días perfectos son los que provocan el surgimiento de tribus urbanas como los emotive (emo).


¡Maldita sea! Yo quería un día perfecto, y fue lo que, lamentablemente, tuve... Pensándolo mejor, lamentable no es el concepto apropiado… ¡Acertado! Si, acertadamente tuve este día perfecto ahora, ahora que se está acumulando a una serie de situaciones perfectas.


Tanta perfección me abruma… ¡Detesto la perfección! Quisiera un día imperfecto. Un día imperfecto, un día normal, tan normal que me haga olvidar este día perfecto, este: Perfect Day.

1/6/07

#5 Beck – Qué Onda Güero: Un Paréntesis en un Mundo Acelerado.


Güero where you going?

Adonde vas, no importa. Cómo vas es lo relevante. Si vas apurado, llegas tarde. Si vas relajado, llegas más tarde aún. Con esa lógica, es difícil estar preocupado por los horarios, pues te puede provocar un estrés que te lleva a caer al piso echando espuma por la boca.

Ay wey, qué onda?


Es un mundo loco, loco y apurado. Gira y gira, sin saber cuando terminará, o si terminará algún día. Todos quieren hacer todo y rápido. Nadie puede hacerlo lento, porque atrasa a los demás, y como se nos a enseñado en esta generación: El Tiempo es Oro.

Qué onda?

En los interlapsos que nos quedan entre un apuro y otro, se pueden hacer pocas cosas, pero sea lo que sea que hagamos tiene que producir algo. El ocio no es dejar de hacer cosas, sino la ocupación del tiempo en imaginar algo que pueda producir más.

Qué onda güero?
Sleeping on the side walk with a Burger King crown,
Never wake them up, más cerveza till the rooster crows, vatos vergallos.


¿Qué nos queda por hacer, en el caso de que no me guste andar apresurado para llegar a cualquier parte? Dos cosas. Atrasamos los relojes una hora; o simplemente nos sacamos el reloj y se lo damos a un rampart boy with loaded rifle, vamos a jugar socer ball, cantamos rancheras on cheap guitars y al que vaya apurado le decimos qué onda güero?
Opto por lo segundo. Aprovecho de mirar alrededor, ver lindas chicas y formas extraordinarias en las nubes; escuchar la fusión entre el sonido de una micro y el canto de un pájaro; patear una que otra hoja seca; imaginar un mundo relajado; contarme algún chiste; y sobre todo tararear una canción: Qué Onda Güero.



#4 Miranda! – Mentira: Omisión de Verdades.


“¡Mentiroso!”. Si bien me es fácil mentirle a la gente, no lo hago sino en ocasiones realmente contadas con los dedos de las manos de Ganesh. Lo que hago casi siempre es omitir la verdad. Lo que hago es decir la verdad… pero no toda la verdad ¡Y eso no es mentir! Así, no soy un mentiroso, porque es mentiroso aquel que miente.

Mentira, quizás sería.

Además hay partes de la verdad que realmente no afectan en el desenvolvimiento de la vida de las personas, e incluso hay partes de la verdad que afectan de forma negativa la vida y la mente de las personas. A veces una mentira es más preciada que la verdad. Hay apariencias más agradables que la realidad (ver Catch me if you can) y que nos llevan a mejores caminos que la verdad. Las apariencias confunden a las personas, a la vez que les llaman la atención. Mejor pasar con pena que sin pena ni gloria.

Confundo a todo el mundo. Despisto con este modo de actuar.

Lo otro, es el tema de la sinceridad. ¡Hay que manejarlo muy bien! El ser sincero por la vida puede no ser siempre favorable. La sinceridad es una “virtud” relativa. Si a un obeso maniaco-depresivo le decimos que realmente su figura no es agradable a la vista, caemos en una sinceridad viciosa más que virtuosa. Por eso a veces es mejor ocultar parte de la verdad. ¡El mundo funciona mejor si se cubren los comentarios innecesarios! Y al ocultar esos puntos innecesarios, no se cae en el mal de la mentira, sino que es una verdad incompleta.

Mentira, lo que convino decir.

Es distinta una mentira de lo que convino decir. La verdad a veces está demás. Cuando se tergiversa la verdad, o sea cuando se establece algo opuesto a lo que se sabe realmente, estamos en presencia de una mentira. No así cuando se dice la verdad, no en su totalidad, pero se dice. Así, cuando me traten de mentiroso, yo voy a responder con lo siguiente: Mentira.

#3 Beck – Devil´s Haircut: El Omnipresente Corte de Pelo Mental.


Siempre que nos cortamos el pelo es, cuando no nos obligan, un paso que damos llenos de esperanzas e ilusiones. Sin embargo, siempre que terminamos el ritual con el peluquero de turno, quedamos con una disconformidad que nos culpa a nosotros mismos y nos lleva a repetirnos la frasecita “realmente, no era necesario”.
Independiente de la nueva forma objetiva que adquirimos tras el corte, en nuestra mente siempre está la impresión de un maldito corte de pelo, aunque nos asiente más el nuevo corte, lo maldecimos de todos modos: Es el autoproducido corte de pelo que tenemos en nuestra mente. Es una trampa mental que nos juega algún demonio malvado para robarnos la felicidad. Es un corte de pelo del demonio mismo, ya que no está ¡Pero sí está!

got a devil's haircut in my mind.

Creemos que todos nos miran. Que nos cuestionan y nos discriminan por el corte de pelo Nuevo. Todo lo malo que nos pasa en el día es culpa de ese maldito corte. ¡Corte del demonio!

somethin's wrong cause my mind is fadin' and everywhere
I look there's a dead end waiting,
temperature's dropping at the rottin' oasis.

Muchos creen que el tema del corte de pelo es un absurdo… Y pensándolo bien, llego a la misma conclusión que Beck cuando escribió su trivial canción: “¡En qué diablos estaba pensando cuando escribí esto!”. Debió ser que la simple influencia melódica de una canción tan burda actuó en nuestras mentes: Devil´s Haircut.

#2 Franz Ferdinand – Auf Achse: Amor al estilo Platón.


Cupido dispara muchas flechas todos los días. Muchas son en vano. Si alguien recibe un flechazo de cupido, puede fácilmente sacarse la flecha y seguir corriendo por el campo de batalla, tratando de no volver a convertirse en el blanco de la amorosa deidad.
Ocurre que los flechados por cupido caen rendidos a los pies del último posible amor que ven antes de recibir el flechazo. Es el llamado amor a primera vista. Cuando es recíproco, o sea entre dos flechados que se vieron mutuamente antes de ser el blanco de cupido, no hay problema en la relación: se toman de la mano y caminan por el sendero de la vida, dedicándose canciones como “cuando por primera vez te vi” y cosas por el estilo.
La problemática está cuando de los dos flechados, sólo uno miraba al otro y ese otro miraba a un tercero. Se produce una incorrespondencia. Una especie de amor análoga a la que se tiene por una obra de arte (como mi amor a “La Liberté Guidant Le Peuplé” de Delacroix… ahhh): Se da, pero no se recibe. Es el denotado “Amor Platónico”.
Lo llamativo del amor platónico es precisamente, no su característica de ser un amor inalcanzable como es entendido, sino un amor alcanzable, pero que el propio flechado quiere que siga siendo un ideal. Quizá de ese punto deriva lo sabroso del amor platónico. Tal vez el ser amado no se ama por ser tal, sino por tenerlo como tal: Una idealización y sublimación de éste. Se puede saber que el ser amado es alcanzable, e incluso correspondiente, pero es más sabroso tenerlo como un ideal a alcanzar que tenerlo como uno ya obtenido.

She's not so special so look what you've done, boy.

Así, se pretende negar la realidad y quedarse con el amor platonizado.

Now you wish she'd never come back here again
Oh, never come back here again.


You see her, you can't touch her.

You hear her, you can't hold her.

You want her, you can't have her.

You want to, but she won't let you.

Todas estas reglas para un amor platónico, me las recuerda Franz Ferdinand con una canción de amor, de un amor posible que fue imposibilitado: Auf Achse.

#1 The Strokes – Someday: La Canción de la Alegría.


Es raro. Sí, es raro que me gusten los días nublados y fríos, más que los días de fulminante sol. Es raro, pero esos días de inconsciente calor, aparte de convertirme en un ser no-pensante e inactivo, me ponen huraño. Es raro también que los días en los que logro mi paroxismo de felicidad se ubiquen, casualmente, en los días de otoño. ¡Nunca los días de invierno! Esos días de lluvia son los que arruinan la vida urbana. Los que a mí me cargan la batería, son esos día de frío y nubes, con las calles inundadas de hojarasca. La hojarasca me permite tener qué patear en mis largas caminatas, hacia donde sea e incluso hacia ninguna parte. Esas patadas que le propino a las hojas caídas me recuerdan la infancia. Todos pateábamos las hojas caídas, algunos lo seguimos haciendo y otros (los más) quieren hacerlo, pero un fiscalizador supremo los cohíbe: La Edad.

In many ways they'll miss the good old days
Someday, someday.

Muchos querían crecer, para hacer cosas de “grandes”. Cuando empezaron a ser grandes, fueron extrañando el ser “chicos”, evadir las tareas y, en fin, disfrutar, jugar y reír.

When we was young ah man did we have fun
Always, always.

Los que pudieron resistirse a coger esa manzana dorada del “crecimiento” y la “madurez”, prometieron jamás pasarse a ese oscuro lado de la seriedad y la inhibición social. Muchos mintieron, otros intentamos cumplir con la promesa.

Promises they break before they're made
Sometimes, sometimes.

Ahora, en un mundo de tantos serios, es necesario, para conservar la cultura lúdica y simple de la infancia, manejar ambos idiomas y adecuarse según corresponda a hablar con alguien “serio” o con alguien normal, que son los llamados “inmaduros”.
Dentro de tod esta vorágine de emociones y devociones, un escape que queda para volver a recordar La Promesa “peterpanesca” y para alegrar esos calurosos días, sólo una canción, La Canción de la Alegría: Someday.

30/5/07

El Teatro de Comienzos de Milenio.


La musa no canta. Está invadida de abejorros que, aunque no son malignos, estorban para mis necesidades de bajofondo poético. Cuando al fin espanto esos númenes de nuestro cerco tácito de filiación, logro retratar el instante de inspiración exacto. Apago mis sentidos, me desarmo, me pongo la máscara y comienza la función.

Miro la fachada del estro femenino, mientras ella crea desde su mente realidades ficticias y ficciones reales, que acomodan su sugestión con la mía, pero sin ceder un nanómetro frente al público. Tirando y aflojando esas sensaciones nulas, que sin ser dolientes, son explícitamente solapadas, con la finalidad de ocultar todas esas expresiones que piden a gritos salir de sus jaulas civiles.

Las direcciones de las miradas son opuestas, sin embargo se buscan, no se encuentran, pero se buscan. Esquivos, hablamos de lo que sea, pero hablamos de eso hasta que los engranajes de la comunicación se vean sobreexplotados. Cuando la comunicación fallece, desesperados, inventamos cualquier excusa para seguir ahí, con sincronías corporales únicas, hablando de todo y mirando a la nada.

¿Por qué lo hacemos? No tiene explicación. ¿Qué queremos? No está claro aún. Lo que sí, lo queremos, y lo queremos de tal forma, que arriesgamos todo lo que hemos formado, por la sola esperanza de seguir incrementando el volumen de esa obra. Sólo por esperanza. Ya sabes lo que opino de la esperanza, y ya sé lo que opinas de mis opiniones.

El amor platónico no se concibe cuando es recíproco, sin embargo la reciprocidad no es total cuando es sólo uno el que se oculta y sólo uno el que provoca. Frío como una roca, me quedo con la esperanza, sabiendo que la escojo tan sólo por la obnubilación que sufro y que tan pronto de ahí salga, lo primero que desecharé será al peor de los males, incluso antes de todas esas teorías acerca de tu cabello que se vieron descartadas tras aquella transcripción de fenómenos, imposibles para ambos, deleitantes para ambos, incomunicables para ambos. El obligatorio amor a la soledad de comienzos de milenio nos abraza de forma maternal y nos invita, lamentablemente, pues aceptamos su llamado. ¡Bueno es que las normas de la soledad no son estrictas! Están hechas para ser violadas. Por eso, tú crees en la esperanza, por lo mismo que yo dejé de creer en ella.

Con temor me despido.
Con hipocresía te presentas incólume.
Con valentía te acompaño a la escalera.
Con tristeza pisas los peldaños.
Con empatía alzo la voz. Te pregunto.
Con falsedad me dices que no.
Con seguridad me voy. Con seguridad te vas.

Fin de la función: Todos ganamos, aparentamos haber perdido, pero sabemos que en realidad ganamos.

29/5/07

Felicidad.


En una poesía de corte contemporáneo exponían la siguiente interrogante retórica:

“¿Y qué mierda es la felicidad?”.

Un amigo suele definirla según una clase que tuvimos en primero medio acerca de eso:

“La felicidad es un instante”.

Bien, es un instante. ¿Pero instante de qué?

De regocijo, de jolgorio, de alegría, de agasajo, de libertad, de bienestar, de gusto, de compañía, de satisfacción, de plenitud… Really, that is the same thing.

¡Realmente, no importa de qué es ese instante! Lo que sí, es un Instante.

La felicidad es cualquier instante, cualquier momento, cualquier espacio temporal, que se pretende sea eterno. La felicidad es un momento, que mientras es vivido, no queremos que termine. Es por eso, que hacemos durar lo más posible (con excusas) aquellos períodos de felicidad. La felicidad, o los momentos de felicidad, siempre se nos hacen cortos, puesto que comparado con lo que pretendíamos hacerlos durar (toda una eternidad) es demasiado poco.

Esos momentos que se nos hacen eternos y nos son desagradables de sobremanera en el instante en que los vivimos, son los momentos de anti-felicidad, que de por sí, son necesarios para valorar aquellos instantes de felicidad pura y compararlos, inconscientemente, para así sobrevalorar nuestros momentos felices. Los opuestos son, más que antagonías, complementos.

Así, la felicidad es un instante que pretendemos sea perenne.

Post Scriptum: La fotografía que ilustra este texto, es típico fondo de escritorio de Windows XP. Lo curioso, es que es un lugar que existe en la vida real, y se ubica en el Condado de Napa, California, Estados Unidos. Estar allí tirado mirando las nubes correr hacia su refugio nocturno, debe producir un instante de felicidad de alta calidad.

De Manos Frías.


“Uff, qué frío hace”. En realidad, frío en el estricto rigor de la palabra, no tenía aquella mañana estepáricamente gélida. Lo que sí tenía era frío en las manos. “Tienes las manos muy heladas”, me decía cada individuo al que le tendía mi maquinal y necesaria extremidad. “Siempre están heladas” le respondí a cada uno. Esto me hizo cavilar y recordar.

Siempre he tenido las manos frías. Todos los inviernos, aunque tenga más ropajes que ánimo encima, siempre mis manos han estado, están y estarán frías. Más aún, en la época estival, este característico fenómeno (mío) se produce con mayor frecuencia.

Lo bueno de mis manos frías, aparte de distinguirme de aquellos que denomino “los mano-caliente”, es que conozco su génesis.

“Usted siempre con las manos frías”, me reclamó el Kapitán. “Es que cuando mi mamá me tenía en su vientre, comía mucho helado de piña. Como yo me encontraba en su estómago, el helado me caía de frentón en la cara, entonces para evitar esto ponía mis manos como para-helados, lo que explica mi condición”. Nadie me creyó. Qué más da, me han pasado cosas tanto o menos creíbles que ésta, que prefiero no contar en una sociedad tan Principitesca como la que habito hoy.

Un cajero automático al estilo Gambito, una injusticia muy lúdica afuera de una catedral del Consumismo, una eterna espera y un estiloso anciano, una filosofía del permiso, un dilema con la felicidad.

La gente no se asombra, y cuando se asombra intenta aparentar no asombrarse.

26/5/07

De mi Generación o Mi Degeneración.


Películas, Música y Libros, son pilares sobre los que se construye una cultura generacional. Son esos típicos factores de los que siempre se conversa cuando no hay tema contingente. Son los formadores de nuestro tipo de humor. Son los explicadores del porqué de nuestros estilos, de nuestro actuar, de nuestras carcajadas, de nuestros éxtasis, de nuestras necesidades, de nuestros gustos, de nuestras historias, de nuestras posturas, de nuestra moral… en fin, de nosotros.

Es posible considerar todo este bagaje cultural y social, como una especie de determinismo etario. Somos según nuestra edad... y nuestra edad es según somos. Las Películas, Música y Libros que conforman nuestra generación, no son los mismos que los que constituyen las generaciones anteriores, ni tampoco, necesariamente, las venideras.

Claramente estos tres pilares no son comunes a todos los particulares de una generación, pero sí es posible generalizar en algunos aspectos específicos y relacionados con nuestra configuración social.

Siendo una generación cuya génesis está ubicada entre 1988 y 1990, se puede decir que, al ser chilenos, somos “hijos de la democracia” (concepto político populista utilizado para justificar las manifestaciones del año pasado…). Desde pequeños nos configuramos dentro de una sociedad demandante de libertades, demandante de lo que se quería, siendo a la vez satisfechos con lo que pedían. Somos una generación de consentidos. Frente a una autoridad limitada y cercana, tenemos un mayor desplante de nuestras libertades y un más pletórico desarrollo de nuestros deseos. Somos capaces de exigir el respeto de nuestros derechos, y concomitantemente disfrutar de la astucia con que empleamos “nuestros derechos” para justificar lo que se nos da la gana.

Somos además una generación tendiente a romper con la estratificación social, de cierta manera somos burgueses. Todos tienden con gusto al desarrollo de una vida mesocrática, de nuestros sueños y gustos, por sobre lo determinado y lo que nos exige la sociedad. El ser por encima del parecer. Dicotomía grande si agregamos a lo anterior, que básicamente nos desenvolvemos (desde que nacimos) en una sociedad fuertemente consumista y globalitaria, donde los paradigmas mandan y el parecer es más importante que el ser.

Hasta aquí, claramente no describo a la totalidad de nuestra generación. Ambos extremos socio-económicos (alto y bajo) los discrimino (positivamente) frente al mayoritario conjunto de clase media. Esa clase media ascendente, cuyo vehículo de ascenso es una verdadera micro transantiago: Está ahí, se le invierte mucho capital, tiene infraestructura de sobra… pero el servicio que entrega es de pésima calidad: Me refiero a la Educación.

Somos la generación del Mc´Donalds, de la Coca-Cola, de los MP3, del bajar música gratutita, de MSN, de los celulares con cámara, de las marchas estudiantiles, del transantiago, de los “carretes”, del miedo a los flaites, de los blog y los fotolog… Pero Benedetti nos propone un problema para nuestra conformación generacional:

Una generación sin utopías será siempre una generación atascada (aunque tenga la obsesión de la velocidad) e inmóvil (aunque se agite sin cesar).

¿Tenemos esas utopías? Yo considero que sí. Utopías de mejorar “todo esto”, de eliminar esas brechas con que nos topamos al nacer, de volver “todo esto” más justo, de ser más meritocráticos, de dar a conocer nuestra postura generacional, romper los esquemas e imponer nuestras ideas. Sí, imponerlas, para que “todo esto” funcione mejor.

21/5/07

"Globalización: La Asquerosa Maldición"... por Francisco Burdiles.


Francisco Burdiles. Dirigente del Liceo lastarria, miembro del equipo de debate del mismo, un tercio del total de humanistas de la generación 2007, ícono alternativo, experto en historia y mi amigo personal.

Le dice no a la Violencia y sí a la Diversidad.

Siempre estará con un libro en la mano, no leyéndolo, sino que sólo aparentando leerlo para parecer humanista… Y de hecho lo es: integra el Movimiento y el Partido Humanista de Chile.

Este amante de Björk y de Pedro Lemebel, debido a su talento para detestar los números y las ciencias, y su facilidad para las letras, viene a mostrarnos su concepción acerca del macrosistema que nos maquina hoy por hoy, y destellos de cómo se debería aplicar un sistema económico acorde a lo proclamado por la política mundial y no tan contradictoria como lo es de hecho:

“El mundo conoce una nueva era de conquista similar a las de los descubrimientos y la colonización. Pero, mientras los actores principales de las anteriores expansiones eran los Estados, esta vez son las empresas y los grupos industriales y financieros privados los que se proponen dominar el mundo” (Ignacio Ramonet).

Actualmente la globalización en vez de conquistar países, conquista mercados, riquezas. En este nuevo paisaje político-económico, el financista se impone al empresario, lo global a lo nacional y los mercados al Estado.

El gran problema de este proceso de globalización es que beneficia a unos pocos países y a unos pocos sectores en cada país, perjudicando a los países mas pobres y marginalizando aun más a la mayoría de la población mundial.

En el plano cultural, por ejemplo, defiendo la diversidad de culturas y la mezcla de ellas, pero lo que hace la globalización es el aplastamiento de una cultura sobre otras, el pensamiento único que intenta imponer esta globalización, que todo lo considera como una simple mercancía.

La globalización genera que la ciencia económica valore más le eficacia que la equidad. La empresa privada será la única que tendrá la capacidad y la potestad de distribuir según sus parámetros. La empresa deja de tener fronteras ni reglamentación.

La globalización constituye una inmensa ruptura económica, política y cultural. Somete a los ciudadanos a un estereotipo único, al cual hay que adaptarse por obligación, o sino quedas fuera de este sistema MUNDIAL. El objetivo final de la globalización será construir un hombre “global”, vaciado de cultura, de identidad, de sentimientos de conciencia al otro. E imponer la ideología neoliberal a todo el planeta.

Pienso que este sistema se ha mantenido tan sólo por el poder económico que tienen sus representantes, jugando perversamente con el hecho de que en nuestras sociedades mediáticas la repetición equivale a la demostración y estos magnates globalizadores manejan todos los medios de comunicación.

Lo más grave de esta globalización es que condena por adelantado, cualquier veleidad de resistencia o de simple disidencia. Así, se cubre de ignominia o se califica de arcaica cualquier búsqueda de alternativa, de regulación democrática, de crítica al mercado.

Hoy en día la economía prevalece ante la política, pues los políticos están bajo el control de los financieros. El mercado gobierna. Los estados no tienen ya instrumentos para oponerse a los mercados. Este sistema globalizado nos hace creer que estamos en una democracia -¡Pero que incompatibilidad más grande!, no existe lógica alguna entre democracia y mercado globalizado- siendo que estamos en un totalitarismo, el totalitarismo del mercado. Ya conocimos el totalitarismo fascista, hitleriano y stalinista, pero no nos hemos dado cuenta que estamos en el totalitarismo de los regímenes globalitarios.

Yo creo en el derecho a la paz, derecho a una naturaleza preservada, derecho a la ciudad, derecho al desarrollo de los pueblos, pero por sobre todo creo en el derecho a la LIBERTAD, una libertad plena, sin intromisiones del mercado mediante las asquerosa publicidad. Quiero fundar una nueva economía, mas solidaria, mas igualitaria, basada en el principio del desarrollo sostenible y colocando al ser humano en el centro de las preocupaciones. Y si me dicen que soy "utópico", yo les recuerdo de que a Adam Smith también lo llamaron "utópico" y que es más idealista pensar que todos los problemas de la vida del ser humano se arreglaran con el sistema liberal y la gran globalización.